El primer virrey de la Nueva España: Antonio de Mendoza (II)

Los nativos no estaban dispuestos a compartir sus escasos alimentos con los extranjeros, lo que provocó numerosos roces y enfrentamientos, pero Coronado, poco diplomático, prefirió las armas a la negociación. Hartos de tan molestos y belicosos huéspedes, los nativos de Tiguex comunicaron a Coronado, que la ciudad que buscaba, Quivira,  se encontraba muy lejos –  cuando en realidad estaba a 10 jornadas –  y que además allí reinaba el poderoso y rico Tatarrax, un barbudo monarca que adoraba a una misteriosa deidad, la Señora del Cielo.

José Alberto Cepas Palanca

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Otra expedición importante fue la que se envió hacia el Pacífico Sur, en el archipiélago filipino, al mando de Ruy López de Villalobos (1542), quien tuvo que regresar por occidente al ser atacado por los portugueses.
Problemas en Nueva Galicia: La Guerra del Mixtón
Sin ninguna duda, de todas las guerras que tuvieron los castellanos en el Nuevo Mundo, ninguna fue tan cruel e inhumana como la que se llevó a cabo con Nuño Beltrán de Guzmán, en Jalisco, llamada entonces Nueva Galicia. Cuando Nuño, Presidente de la Real Audiencia, se enteró que Hernán Cortés regresaba de la península con el cargo de Capitán General de La Nueva España, temió las justas represalias del marqués y sin perder un segundo abandonó México-Tenochtitlan. Para disimular y dar publicidad a su huida, dijo que partía para la conquista de las legendarias tierras de las Amazonas
17 y de las Siete Ciudades, más allá del territorio Gran Chichimeca. Sus cómplices y todos aquellos que deseaban escapar de la justicia real se alistaron bajo la enseña de Guzmán, que inició la marcha tres días antes de la Pascua de Navidad de 1529, bendecidos por el padre Bartolomé de Estrada, Gobernador de Nueva Vizcaya.
Cerro del Mixtón El 20 de enero de 1530, el adversario de Cortés dio comienzo a la conquista del territorio, tan sanguinaria y brutal, que en un documento pictográfico nativo se le simboliza como una víbora. La marcha fue una interrumpida sucesión de robos, ejecuciones arbitrarias y multitud de inimaginables canalladas, cuyo relato helaría la sangre del más templado. Según el intérprete García del Pilar: “los Gobernadores pasados habían querido ahorcarlo dos o tres veces, aunque por desgracia había escapado del castigo que tan merecido tenía”. Tras asolar los actuales Estados mexicanos de Jalisco, Sinaloa, Zacatecas y Nayarit donde fundó la ciudad de Tepic, denominada posteriormente Compostela, capital de la provincia de Nueva Galicia
, cuyos límites se extendían desde las márgenes del Lerma hasta los desiertos de Sonora. Beltrán gobernó la provincia
17 Isla Matinino era una isla de las Antillas pobladas solo por mujeres. Las llamaban Amazonas. Cristóbal Colón dijo que los aborígenes ya le hablaron de esa isla, pero todo fue una fantasía.
18 Nuño de Guzmán impuso el nombre de “Conquista del Espíritu Santo de la Mayor España” a los territorios explorados y conquistados por él, sin embargo la Reina de España Juana I de Castilla , “la Loca”  madre del emperador Carlos V, que gobernaba por ausencia del Emperador, no estuvo conforme con el nombre que le había otorgado Nuño de Guzmán al territorio conquistado, por lo que por Real Cédula dada en Ocaña el 25 de enero de 1531 ordenó que se nombrara al territorio conquistado como Reino de la Nueva Galicia y se fundase una ciudad con el nombre de “Santiago de Galicia de Compostela” como capital.
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con tanta saña y arbitrariedad que en 1537, el Virrey Mendoza ordenó su prisión. Pero el mal ya estaba hecho. A pesar de la suave política de Cristóbal de Tapia 19
, la población nativa, llena de odio y rencor se alzó en armas un año después, logrando Coronado, el nuevo Gobernador, pacificar la zona momentáneamente. En 1540, Coronado salió para Cíbola y semanas después su lugarteniente, Cristóbal de Oñate
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, que tuvo que enfrentare a una tremenda insurrección, que se propagó con gran rapidez por toda la zona,  amenazando con extenderse a las regiones del centro y sur de México y acabar con la dominación hispana.
Según el licenciado Tello de Sandoval, los malos tratos que Coronado dio a los habitantes de Nueva Galicia, obligándoles a cargar la impedimenta y confiscando las cosechas, fueron las causas por la cual los “dichos indios se rebelaron y alzaron contra el servicio de Su Majestad y mataron españoles, legos y religiosos y quemaron iglesias e hicieron otros daños”. La acusación del visitador irritó al Virrey que lo rechazó indignado. Tampoco aceptó el Virrey que el alistamiento de muchos vecinos de Compostela, en la expedición a las Siete Ciudades hubiera influido en la sedición, ya que la revista de tropas puso de manifiesto que solo dos soldados estaban empadronados en Guadalajara. En opinión de Mendoza el origen del motín había que buscarlo en las tribus salvajes de la sierra norte, cuyos emisarios bajaron de las montañas de Compostela y Zacatecas, urgiendo a los naturales de Tlaltenanco de Sánchez Román, en el Estado de Zacatecas, San Juanito Xochipilan en el Estado de Puebla, Asunción Nochixtlan en el Estado de Oaxaca y Teocaltiche en el Estado de Jalisco, a liberarse del yugo castellano. El visitador y el Virrey llevaban razón. La desconsiderada conducta de los encomenderos de Jalisco puso a las masas indias al borde de la rebelión; pero ésta jamás habría alcanzado tales descomunales proporciones sin el acicate de las prédicas difundidas por los extranjeros del norte. Pero no todos los novohispanos siguieron el ejemplo de Nuño, porque algunos colonos salvaron sus vidas y haciendas gracias a las ayudas de los antiguos sirvientes que militaban en las filas insurrectas. Tras fortificarse en el peñón de Nochixtlan, acordaron tender una emboscada a los castellanos en las montañas y, una vez derrotados los castellanos, ocupar otro enclave montañoso, el de Mixtón. Después invadieron Guadalajara. Al poco tiempo, una campaña de agitación sacudía la zona.
Apenas se conocieron los desmanes en Guadalajara, el alcalde la ciudad, Toribio de Bolaños, partió con algunos voluntarios para sofocar el motín. El alcalde logró capturar al principal revoltoso; más cuando regresaba con el preso cayó en una emboscada
19 Cristóbal de Tapia fue un inspector enviado desde España a la Nueva España en 1521 para investigar la conducta del conquistador Hernán Cortés, y, si lo estimase necesario, para detenerlo y llevarlo ante la justicia. Debido a que su autoridad deriva del rey y reemplazó la de Cortés, su nombre aparece en algunas listas de los gobernantes coloniales españoles de Nueva España, a pesar de que ejerce esta autoridad muy brevemente.
20 Cristóbal de Oñate fue un conquistador que nació alrededor de 1504 y que formó parte de la expedición de Nuño Beltrán de Guzmán. Se atribuye a Oñate la fundación de las ciudades de Compostela y Tepic en el actual estado de Nayarit, así como de las ciudades de Guadalajara y Zacatecas. Durante la conquista de Zacatecas en 1548 se descubrieron y aperturaron sus ricas minas de plata, lo que convirtió a Cristóbal de Oñate en uno de los hombres más ricos de la Nueva España junto con sus socios, también vascos, Diego de Ibarra y Juan de Tolosa.
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tendida por un grupo de insurrectos, que estaban escondidos en el monte de Tepetictac, en Tlaxcala. La delicada situación de Bolaños fue tal que se tuvo que refugiarse en una hacienda, y forzó a Miguel de Ibarra, Capitán visitador de Guadalajara, a acudir en su auxilio llevando consigo la mayor parte de los varones de la urbe y 500 indios de
Tonalá, en Jalisco. Los jefes caxcanes que esperaban la respuesta, ordenaron a un nutrido de sediciosos que se unieran a la columna para sembrar el descontento. Tanta maña se dieron los infiltrados en cumplir su misión, que una noche desertó el cuerpo auxiliar indígena en masa. A la mañana siguiente, Ibarra, informado de la traición por
los pocos indios tonalá de Jalisco que permanecieron leales, ahorcó a una docena de quintacolumnistas y despidió a los demás. Impasible, el vasco continuó hasta Tepetictac trabando combate con los insurrectos del que salieron los hispanos “harto heridos, descalabrados y maltrechos”. En vista de los acontecimientos, el Capitán se replegó a
Guadalajara, rescatando a Bolaños y a cuantos fugitivos, blancos o negros encontró por los caminos. La victoria alentó a los rebeldes y la insurrección se extendió con la rapidez del rayo. Toda la región al norte del río Tololotlan – actualmente un basurero -se alzó en armas contra los odiados blancos.
Cuando Mendoza supo la noticia abandonó rápidamente la villa marítima de Purificación
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, y partió hacia Guadalajara. Una vez en la ciudad,
Mendoza comisionó al franciscano fray Martín de Jesús22
, guardián del monasterio de Xochipilan, y al notario Juan de León para que parlamentasen con los rebeldes. Fray Martín pidió a los caxcanes que retornasen a sus hogares, dándoles la seguridad de que se castigaría a quien le
hubiese agraviado. Los amotinados se mantuvieron firmes, respondiendo: “muy feas palabras contra Dios Nuestro Señor y Su Majestad”. Al fracasar la negociación, Mendoza convocó una junta a la que asistieron Pedro de Alvarado, Cristóbal de Oñate, Francisco de Marroquín Hurtado, obispo de Guatemala y otras importantes personalidades
de Nueva Galicia. Por unanimidad se decidió que Oñate marchara sobre el peñón del Mixtón con más de 50 españoles y un fuerte contingente de indios amigos, llevando la orden de efectuar un nuevo requerimiento; si éste no daba fruto, se emplearía la violencia. Los sublevados se burlaron del ultimátum, asesinando al franciscano que actua-
ba de mediador. Como el número de sitiados superaba en mucho al de los sitiadores, Oñate optó por poner cerco al peñasco, comunicándoselo al Virrey.
Poco duró la tranquilidad, pues a las pocas semanas un mensajero comunicaba que los caxcanes habían infligido una tremenda derrota al Gobernador interino de Nueva Galicia, Pedro de Alvarado. La victoria de Mixtón
fue la señal para nuevas revueltas, ya que numerosos pueblos, ocultos simpatizantes de los sublevados, se declararon en abierta rebeldía. Hordas de furiosos nativos recorrían los caminos, asesinando sin compasión a hombres, mujeres y niños. Ni siquiera los misioneros escaparon a las iras de los indígenas.
Es plausible pensar que los sublevados se limitaron a fusionar distintos credos prehispánicos, usando la nueva religión como un instrumento de lucha. Aunque la explotación económica fue la causa real del alzamiento, los rebeldes caxcanes, incapaces de
21 Villa Purificación es un pueblo y municipio de la Región Costa Sur del Estado de Jalisco, Méxi-
co. Es considerado el primer pueblo fundado por los españoles en Jalisco.
22 Uno de los primeros doce frailes franciscanos que llegaron en 1525 a la Nueva España para
ocuparse de la evangelización de los indios.
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captar la realidad, tuvieron que recurrir a planteamientos ideológicos de índole milenarista para mantener la revuelta. Gracias al mesianismo, los insurrectos lograron una cohesión interna y un plan de acción imposible de obtener por otros medios. La justificación ideológica de la revuelta proporcionaba además un eficaz método de control social al legalizar la represión de aquellos que se negaban a sumarse al motín. Viendo el cariz que tomaba la algarada, Mendoza pidió a sus colaboradores Alvarado y Luis de Castilla
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, que dejaran las expediciones navales y auxiliaran las villas de Compostela, Purificación y Guadalajara. Los Capitanes no pusieron obstáculo alguno, pero los marinos y soldados se negaron a abandonar los buques; decían que se alistaron para conquistar nuevas tierras y no para defender las ya ganadas, a no ser que para participar en la defensa de las ciudades se le pagara por ello. El Virrey tuvo que ceder, y por tanto tuvo que pagar por esa ayuda. Mientras Alvarado discutía con sus ambiciosos hombres, un centenar de soldados, capitaneados por Íñigo López de Nuncibay
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, partía de México para socorrer la Nueva Galicia. Al mismo tiempo Juan de Alvarado, tío del Adelantado, salía de Michoacán con 30 jinetes y 6.000 indios tarascos . El 12 de junio de 1541, el Gobernador de Guatemala entraba al frente de un poderoso ejército en Guadalajara, recibiéndole el Cabildo y los vecinos como su salvador lo que frenó, de momento, la marcha los indios sobre Guadalajara.
Algo más tranquilo, Oñate convocó de inmediato una nueva junta para elaborar otro plan de ataque. El Gobernador de la Nueva Galicia propuso aplazar la campaña hasta el final de la época de lluvias pues volvían inútil a la Caballería, principal arma de los castellanos. Doce días después, Alvarado se encaminó a Nochixtlan con cien jinetes, otros tantos peones y 500 auxiliares de Michoacán. Oñate, buen conocedor de la zona intuía lo que iba a pasar y siguió a Alvarado con 25 voluntarios marchando en pos de la hueste, sin permitir que la retaguardia del ejército le localizase. Nada más llegar a la posición, Alvarado ordenó atacar el peñón, fuertemente defendido por una multitud de hombres y mujeres armados con flechas, varas y piedras. El ataque acabó en un rotundo fracaso con 20 muertos, cuyos cuerpos hechos pedazos fueron arrojados por los caxcanes desde sus trincheras. Nuevamente, Alvarado lo intentó otra vez, pereciendo diez soldados, y no hubo más intentonas porque los rebeldes indios hicieron una salida
masiva que forzó a los hispanos a retirarse. Durante el repliegue, un sevillano, Baltasar de Montoya, que era escribiente de la compañía, pasó a galope tendido junto al Gobernador, el caballo dio unos pasos en falso, tropezó y se cayó, llevándose en la caída a Alvarado. Fueron a auxiliarle, pero había perdido el conocimiento.
El cuatro de julio de 1541, Pedro de Alvarado, lugarteniente de Hernán Cortes, fallecía en Guadalajara.
Mendoza, muy preocupado, expuso a la Audiencia su deseo de acudir de inmediato a la provincia; los Oidores se lo impidieron, alegando que su presencia era imprescindible en México.
Mendoza despachó al Oidor de la Audiencia de México, Alonso Maldonado, para que le detallara la situación. La respuesta del Oidor fue que los indios caxcanes sitiaban Guadalajara, que caería sin remedio si el Virrey no la so-
corría. En efecto, el 29 de junio de 1541 los indígenas de Jalisco se presentaron sigilosamente ante la ciudad, pero por fortuna, un grupo de soldados advirtió del peligro a tiempo. El relator, Pedro de Palencia, se adelantó para avisar al Gobernador, pero se
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Fue Caballero de Santiago y Regidor de México capital.
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Alcalde Mayor de Sultepec. Estado de México.
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encontró con las casas y calles vacías. Los habitantes, ignorantes del inminente ataque, se habían reunido en la iglesia para conmemorar la festividad de San Vicente. Sin pensarlo dos veces, Palencia entró en el templo a caballo gritando “arma, arma, señor Capitán”. Se desató el caos en el templo. Mientras los varones se armaban a toda prisa,
las mujeres y niños sollozaban víctimas de la histeria. Con más prisa que pausa se terminó el acto religioso. Finalizado éste, los hombres acudieron al toque de corneta.
Apenas se concentró el pueblo en la casa fuerte, unos 200 indios irrumpieron en Guadalajara incendiando los principales edificios. A los pocos minutos miles de caxcanes se congregaron en la plaza mayor arremetiendo con mucho ímpetu contra la fortaleza.
Aunque el ataque indio fue feroz, los castellanos se defendieron con tanta desesperación que los indígenas rebeldes tuvieron que retirarse.
Aprovechando la momentánea tregua para conferenciar, el Gobernador propuso efectuar una salida y dar la batalla en campo abierto. Algunos rechazaron la idea, pero al final tuvieron que aceptarla pues Cristóbal de Oñate amenazó con abrir los portones para que entrasen los enemigos y los matasen como a cobardes a su dios y al rey.
Ante semejante coyuntura, las tropas se aprestaron al combate. Tras tres horas de encarnizada lucha, los
caxcanes se retiraron dejando en el campo más de 15.000 muertos e infinidad de prisioneros. El desastre indio no enfrió los ánimos de los insurrectos. Regresaron a sus bases, pero solo con la idea de reagruparse. A principios de septiembre, volvieron a atacar la ciudad para vengar la muerte de sus camaradas. El Gobernador de Nueva Galicia, Oñate, incapaz de resistir un nuevo ataque, solicitó al Virrey que asaltara los peñones de Coina (Jalisco) y Nochixtlan (Oaxaca).
Mendoza, al tanto de los problemas por el Oidor Maldonado, respondió rápidamente. El 22 de septiembre de 1541,
el Virrey salía de México-Tenochtitlan con 600 castellanos y unos 60.000 aliados aztecas. Tan grande era el peligro
caxcan que se autorizó a los nobles indígenas para que combatieran a la manera europea, siempre y cuando los
pipiltín
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mexicas corrieran con los gastos del equipo. A pesar de la gran resistencia de los rebeldes, las tropas virreinales tomaron en poco tiempo el peñón de Coina, escapando unos 20; el resto o se entregaron o perecieron. Inicialmente,
Mendoza se mostró benevolente con los vencidos, pero cuando subió al peñasco y se encontró con restos de la cultura idólatra de los rebeldes, cambió totalmente de actitud. Dos semanas después, las tropas de Mendoza
entraron en Acatic, Jalisco, sin combatir. La noticia del castigo infligido en Coina se había difundido por toda la comarca y algunos grupos prefirieron rendirse sin condiciones. No hicieron lo mismo los sediciosos Nochixtlan, Xochipilan y Mixtón, que optaron por continuar la lucha. Al llegar a Nochixtlan, Mendoza pidió a fray Juan Infante de Barrios, protector de los indios en Nueva Galicia, que hablase con los nativos. Los esfuerzos de fray Juan Infante y los que se sumaron, personas laicas y eclesiásticas resultaron baldíos, pues los rebeldes caxcanes exigían unas condiciones inaceptables para los españoles; entre ellas deberían respetar sus plantaciones de tunas – tipo de cactus
– para su sustento, sino que además tenían que seguir viviendo en el picacho. La absurda propuesta, añadida al nerviosismo del Virrey, porque temía que los indios aliados se unieran a los rebeldes, forzó al Virrey a romper las negociaciones. Cercó el sitio
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Era la nobleza azteca; poseían tierras y esclavos para trabajarlas, no pagaban tributos. Vestían y vivían lujosamente, contaban con sirvientes; podían tener varias esposas. Entre ellos encontramos a los sacerdotes de mayor rango, a los militares importantes y a los miembros destacados del gobierno.
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y el continuo cañoneo y la sed demostraron ser más eficaces que el tradicional arcabuz hispano y el macahuitzl
azteca
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, porque los sitiados capitularon al poco tiempo. Los defensores de Nochixtlan corrieron mejor suerte que los de Coina, pues muy pocos fueron marcados con la candente señal que les condenaba a la esclavitud. Xochipilan, el siguiente foco rebelde, no ofreció resistencia, ya que sus defensores se habían retirado a la inexpugnable fortaleza de
Mixtón.
Mendoza se había dado cuenta que la Caballería rindió poco, porque muchos de los autodenominados jinetes desconocían el arte de la equitación. El Virrey ordenó formar compañías de infantes con los noveles, que a regañadientes aceptaron la orden, salvo los soldados de Íñigo López de Nuncibay, un pluriempleado oficial que compaginaba la capitanía con el oficio de cantinero. El Virrey mandó al cabo de vara que distribuyera unos cuantos zurriagazos entre los expertos jinetes, incluyendo al Capitán tabernero.
Pero López de Nuncibay, era un caso sin remedio; aunque era el jefe de la retaguardia y de su seguridad, cometió el error de dejar la Artillería sin protección durante la marcha hacia el Mixtón.
Mendoza, harto de ese inútil, le reprendió públicamente y le confiscó un pequeño cargamento de aceite de oliva, cuya venta le iba a reportar buenos beneficios. Si las Baterías hubieran sufrido algún daño, habría sido imposible tomar el
impresionante peñón. Siguiendo su costumbre, la primera disposición de Mendoza consistió en ofrecer la paz a los
caxcanes, enviando a Francisco Maldonado que ofreció numerosas garantías, pero los insurrectos se negaron a escuchar la oferta virreinal, además le tendieron una emboscada cuando éste se retiraba y le tomaron ciertos indi-
os y piezas de plata. Al día siguiente, a mediodía, 800 rebeldes subieron a la cúspide del picacho y, tras inmolar algunas aves, cantaron un himno en honor al gran dios Tlatl, un dios de las aguas, lo que daba a entender la decidida actitud de los rebeldes.
Mendoza envió a un segundo emisario, Miguel de Ibarra, regidor de Guadalajara, que volvió con una respuesta que no gustó al Virrey; pretendían hablar con uno de sus jefes prisionero de los hispanos desde el comienzo de la rebelión, pero siguiendo el Virrey su costumbre de anteponer la diplomacia a las armas, finalmente aceptó la pro-
puesta caxcan. Horas después Ibarra y el señor de Nochixtlan salieron con un escuadrón de Caballería y una compañía de arcabuceros. Los hechos posteriores dieron la razón a Mendoza, pues Tenamaxtli, caudillo de los
caxcanes, solo pretendía liberar a su camarada. Esto enfrió, una vez más, la actitud dialogante de Mendoza, que ordenó la apertura de las hostilidades. Durante tres semanas los cañones novohispanos machacaron sin piedad las barricadas de los rebeldes, sin que éstos mostraran el menor signo de debilidad, ya que rechazaron varias ofertas de paz. Pero la realidad era que los bastiones de los caxcanes se desmoronaban poco a poco, así como su moral. Una
noche, los rebeldes de Teul, pueblo al suroeste de Zacatecas, hartos de los bombardeos, se pasaron en masa al campo hispano. Para obtener el perdón hispano, traicionaron la causa indígena, revelando al Virrey la existencia de un paso secreto que conducía a la cima del peñón. Esta actitud marcó el principio del fin. A la mañana siguiente, españoles y mexicanos se lanzaron con ímpetu arrollador contra las defensas nativas,
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El macuahuitl era un arma similar a una espada, hecha de madera con filos de obsidiana a cada lado, cuyo nombre se deriva de la lengua náhuatl. A cada uno de sus lados se incrustaban navajas prismáticas hechas de obsidiana, una piedra de cristal volcánico, los cuales pueden ser incluso más afilados que cualquier metal al ser un cerámico
ígneo.
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mientras un puñado de hombres selectos subía sigilosamente por la escondida senda.
Como estímulo, Mendoza prometió los mejores esclavos a los primeros que cruzaran las fortificaciones del peñón. Cercados entre dos fuegos, los defensores huyeron a la desbandada. Miles y miles de indios – las crónicas hablan de 100.000 insurrectos – se desparramaron por la tierra en un desesperado intento por escapar al destino que les
esperaba. Para los caxcanes la derrota implicaba el retorno a la situación servil; para los chichimecas, almamater
de la revuelta, la situación era infinitivamente peor; lejos de Zacatecas y Nayarit, sus lugares de origen, solo tenían dos opciones: morir peleando o perecer en la esclavitud. Sorprendentemente, bajo las órdenes humanitarias del Vi-
rrey, la Caballería hispana permaneció inactiva por lo que gran parte de los sitiados pudieron huir. Pero los cabecillas rebeldes no tuvieron tanta suerte.
Mendoza, cumplida su misión, los entregó a Maldonado, quien dictó penas muy severas, penas que fueron  ejecutadas por Oñate, Gobernador interino de la Nueva Galicia por ausencia del titular, Francisco Vázquez.
La caída del peñón de Mixtón, considerado inexpugnable, desmoralizó a los insurrectos, que optaron por abandonar la lucha. Los pocos que quedaron fueron reducidos por Cristóbal de Oñate, pues las tropas virreinales retornaron al hogar llevándose consigo un rico botín de esclavos. Cuando Coronado regresó de Cíbola, la tierra era un remanso de paz, pero sólo era una tregua camuflada. En 1544, una nueva revuelta sacudió el territorio de la Nueva Galicia. Aún habría de costar mucha sangre.
Las Leyes Nuevas
El 20 de noviembre de 1541,
Carlos V, promulgó en Barcelona las famosísimas Leyes Nuevas; 40 disposiciones legislativas que se  complementarían al año siguiente con otras siete adicionales. Entre 1519 y 1550, hijosdalgo serviles, operarios y veteranos de los tercios, descubrieron, sojuzgaron y colonizaron un imperio de 24 millones de kilómetros cuadrados, el más dilatado que haya conocido el mundo, gesta en la cual la Corona no gastó un maravedí, ya que las depauperadas finanzas imperiales se malgastaban en combatir a infieles, herejes o franceses. Esta iniciativa privada, hizo que el César hispano, dueño nominal del Nuevo Mundo, obtuviera unos buenos ingresos del entusiasmo de los particulares. A cambio de ceder el permiso para dominar unas tierras desconocidas, el real fisco exigía la quinta parte de los beneficios netos que reportara la conquista, que crecían en proporción geométrica cuando se inició la colonización.
Antes de promulgar las Leyes Nuevas, el visitador Francisco Tello de Sandoval llevaba otro cometido: formar los procesos de visita al Virrey AntoniodeMendoza y a la Reales Audiencia y Cancillería de La Nueva España. El Emperador pensaba que el inquisidor Tello obraría con prudencia; más éste, por motivos ignorados, tomó inquina al hijo de Mendoza, Francisco, apodado “El indio”, jactándose durante la navegación de que marchaba a liberar La Nueva España. Por tanto, no es extraño que apenas llegado a la capital del Virreinato, trabara amistad con todos los enemigos que tenía el Virrey, quienes acusaron por escrito a Mendoza de varios delitos; lo que le sirvió a Tello para
extraer los cargos de los memoriales enviándolos a la Península, sin efectuar investigación alguna, ni informó al reo de las acusaciones, actuando contra todo derecho. La
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injusta conducta de Tello animó a Hernán Cortés, resentido con el Virrey por la actuación de Cíbola y Jalisco, a iniciar una campaña en la Corte para transformar la visita en un Juicio de Residencia. Aducía Cortés que los fraudes de las rentas reales y otras tropelías del Virrey jamás saldrían a la luz, porque los novohispanos no se atreverían a
declarar contra una persona que continuaría gobernando y se vengaría de quien testificase en su contra. Cortés presentó una minuciosa y larga denuncia contra Mendoza.
Aparte de las típicas acusaciones de nepotismo y uso privado de los fondos públicos, culpaba al Virrey de haberse interesado más por las exploraciones que por la administración del país, lo que provocó la guerra de Nueva Galicia. El inquisidor Sandoval acariciaba sueños semejantes a los de Cortés. Pensaba que, si el Emperador Carlos
aceptaba la petición de convertir la visita en Juicio de Residencia, podría ser nombrado Gobernador. Empeñado en
alzarse con la tierra por vías legales, Francisco Tello de Sandoval, sacerdote, ministro y letrado, traicionó la confianza del Monarca. Extralimitándose en sus facultades, se inmiscuyó hasta tal punto en los asuntos de la Audiencia que, en
1544, el Virrey Mendoza se quejaba de que el inquisidor le tratase como si fuera el más triste corregidor o alcalde.
El 27 de marzo de 1544, el pregonero público, Juan de Armijo, dio a conocer la noticia en la Plaza Mayor. Constaba el juicio de la Real Audiencia de 121 preguntas llevándolas a cabo Miguel López de Legazpi, escribano público del Cabildo metropolitano y que corriendo los años sería el conquistador de Filipinas. Dieciocho meses después Tello
aún continuaba tomando residencia a escribanos y funcionarios menores. El tema no merecía una inspección tan rigurosa. El Virrey no estaba dispuesto a ceder, entre otras causas porque el emperador había nombrado Presidente del Consejo de Indias a su hermano Bernardino, Capitán General de las galeras de España. Se ordenó a Tello que
agilizase la interminable visita y no se entrometiera en los asuntos de la administración pública, competencia exclusiva de Mendoza, pero Tello ignoró la orden y fue necesaria una nueva misiva, en fuertes términos, para que solo hiciera lo que la Corona le había dicho.
Tello se limitó a reproducir y ampliar las denuncias de Hernán Cortés, particularmente en lo referente a la represión efectuada durante la guerra del Mixtón. Sandoval seguía en sus trece, quería hundir a Mendoza como fuera, y él sustituirle, lanzando acusaciones absurdas y cuanto menos pintorescas; que si se había quedado con el dinero de las
armas de su guardia personal, que si permitía a los naturales ir a caballo y llevar armas, etc. En mayo de 1548, los representantes del Virrey presentaron una recusación basada en la falta de objetividad del visitador y se emitió sentencia a favor de Mendoza, pero éste no se quedó satisfecho. En 1550 consiguió que se prohibiese al visitador in-
tervenir en ningún negocio que afectara al Virrey. El odio que Mendoza sentía por el visitador, se prolongó más allá de su muerte; su hijo Francisco solicitaba al Consejo que el eclesiástico se inhibiera de fisgonear en los negocios paternos.
Al final, Tello de Sandoval, menos poderoso e influyente, perdió el pulso. Mientras se llevaban a cabo las diligencias, estalló en 1545 una espantosa epidemia de peste, que costó unas 80.000 vidas. La inoportuna visita, con sus luchas, desmoralizó al Virrey, que cansado de tanto batallar y luchar, comenzó a pensar seriamente en el retiro. El 30
de octubre de 1548 escribió al príncipe Felipe –
Felipe II
– solicitando permiso para
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pasar a Castilla y exponer en persona las cuestiones más delicadas:
Ya catorce años que salí de España a servir en estas partes, y conviene a mis negocios y hacienda visitarla. Y así suplico a Vuestra Alteza que mande dar licencia por el tiempo que fuere servido, porque, a Dios gracias, lo de estas partes está asentado de manera que no hay que tener cuidado más de los negocios ordinarios.
Final
A pesar de las graves dolencias que padecía, el Virrey Mendoza, por indicación del Monarca, a través de La Gasca
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, le encarga se traslade con idéntico cargo al Perú, aunque le deja libertad de su decisión. El motivo fue que había estallado en aquél Virreinato otra insurrección de grandes proporciones, y para sustituir a Mendozase designa a
Luis de Velasco.
Hacia el mes de septiembre de 1550 llegó a Veracruz el Licenciado Vena, quien al desembarcar dijo que venía como visitador de la Audiencia, con grandes poderes para conocer en los negocios, y amplias facultades para remediar todo género de abusos.
Bien recibido en el puerto, se dirigió a México. Su llegada a la ciudad causó grave sobresalto, y cuantos temían o esperaban alcanzar alguna cosa, se apresuraron a visitarle y hacerle regalos. El Virrey y la Audiencia le pidieron sus provisiones y despachos, a lo cual contestó, que por entonces le era imposible presentarlos, pues los traía en su po-
der el nuevo Virrey, Luis de Velasco, que estaba para llegar. Con esta respuesta se dieron las autoridades por contentas. El falso magistrado representaba su papel con mucha sangre fría; y como su único objeto era reunir algún dinero a costa de los crédulos y como sabía por otra parte que no tenía mucho tiempo de qué disponer, se daba prisa
en conceder esperanzas y en hacer mentidos favores a trueque de valiosos regalos. Le ayudó con gran maña, una hermosa sevillana, casada en España, a quien Vena traía y presentaba como si fuera su esposa. Ambos atesoraron una gran suma en cosa de un mes, lo que la farsa duró, hasta que llegó la noticia de que Luis de Velasco había llega-
do a Veracruz. Era ya tiempo de escapar del peligro, y Vena dejó precipitadamente México, llevándose a la mujer y los tesoros. Tan súbita desaparición hubo de infundir sospechas en Mendoza, quien dio órdenes para que arrestaran al prófugo donde quiera que le encontraran; cosa que se logró en la ciudad de Cholula, por su corregidor Gonzalo Gómez de Betanzos. Traído a la capital, Vena fue juzgado, y convencido de su delito, se le despojó de cuanto había recibido, se le paseó en una mula, castigándole con 400 azotes. Públicamente se dijo la verdad, que era un embaucador, y fue condenado a diez años de galeras. La sevillana, por todo castigo, fue enviada a España con su
marido.
Obedeciendo las órdenes del soberano, el 12de enero de 1551, Mendoza salió de México, en compañía de su hijo Francisco, un año después de haber tomado posesión del Virreinato de México, el nuevo Virrey Luis de Velasco. El 21 de julio de ese año, falleció Antonio de Mendoza en La Ciudad de los Reyes, Lima, causando su muerte un gran sentimiento tanto en la Corte como en todo el territorio de La Nueva España. En su testamento dejó especificado que sus restos los llevasen a La Nueva España y se
27 Pedro de la Gasca o Lagasca (1493-1567) fue un sacerdote, político, diplomático y militar del
siglo XVI. Caballero de la Orden de Santiago y consejero del Tribunal del Santo Oficio.
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construyera en la ciudad de México un hospital, y un monasterio de monjas en Coyoacán, dejando 4.000 ducados anuales para su mantenimiento. Su vida privada fue modelo de caridad, moderación y orden. Daba de comer diariamente a más de 250 desvalidos.
Otro aspecto en el que Mendoza demostró su firmeza fue la cuestión indígena; comenzó la práctica de recibir a los indios en audiencias ordinarias, lo que dio lugar a la creación del Juzgado de los Indios
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, donde los Virreyes se ocuparon directamente en muchos litigios relacionados con los aborígenes. Uno de los sucesos más notables durante el gobierno de Mendoza fue el intento del visitador, Francisco Tello de Sandoval
de denigrar al Virrey, proceso similar a una residencia, pero Mendoza replicó con tanto vigor, que el intento de Tello fracasó. En 1546 el visitador Francisco Tello de Sandoval elevó a la Corona 46 cargos en su contra y, simultáneamente, fray Bartolomé de las Casa lo excomulgó por apoyar a los encomenderos. Sin embargo, en 1548 el
Consejo de Indias lo declaró libre de todos los cargos.
Bibliografía
Biblioteca de Autores Españoles.
Edición de HANKE Lewis, en colaboración de RODRÍGUEZ Celso.
ÁLVAREZ DE ESTRADA, Juan. Grandes Virreyes de América.
RIVERO RODRÍGUEZ, Manuel. La edad de oro de los Virreyes.
VÁZQUEZ, Germán. Antonio de Mendoza.
PÉREZ-MALLAINA, Pablo, RAMOS PÉREZ, Demetrio, GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio,
LUCENA SALMORAL, Manuel, MIJARES, Lucio, SANZ TAPIA, Ángel, FISHER, John, MA-
LAMUD, Carlos.
ÁLVAREZ DE ESTRA
http://www.elespiadigital.com/images/stories/Documentos8/Antonio%20de%20Mendoza%20(II).pdfhttp://www.elespiadigital.com/index.php/informes/15532-el-primer-virrey-de-la-nueva-espana-antonio-de-mendoza-ii
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