Los perros del mar (y III): Walter Raleigh.

Apuesto, elegante, culto – de él se dice que dijo: Quien posee el mar, posee el mundo entero – y con inclinación a la poesía, la imagen y personalidad de WalterRaleigh parece ajustarse más a la del típico cortesano isabelino, que a la de un vulgar pirata y corsario. Y en cierta una manera así fue. Raleigh supo valerse de sus naturales dotes de seductor para convertirse en amante de la Reina, Isabel I, y medrar en la Corte durante el siglo XVI. Pero su espíritu aventurero, unido a su ambición sin límites, le llevó a embarcarse en una insensata carrera como contrabandista y pirata y a cruzar el Océano Atlántico para lanzarse en una busca de una quimera, que muchos la buscaron, no la encontraron y fallecieron por ello, porque nunca existió… Hablamos de la legendaria tierra de El Dorado.

José Alberto Cepas Palanca

L
Los perros del mar (y III): Walter Raleigh
Walter Raleigh
José Alberto Cepas Palanca
Apuesto, elegante, culto – de él se dice que dijo:
Quien posee el mar,
posee el mundo entero
– y con inclinación a la poesía, la imagen y personalidad de Walter Raleigh parece ajustarse más a la del típico
cortesano isabelino, que a la de un vulgar pirata y corsario. Y en cierta una manera así fue.
Raleigh supo valerse de sus naturales dotes de seductor para convertirse en amante de la Reina, Isabel I, y medrar en la Corte durante el siglo XVI. Pero su espíritu aventurero, unido a su ambición sin límites, le llevó a embarcarse en una insensata carrera como contrabandista y pirata y a cruzar el Océano Atlántico para lanzarse en una busca de una quimera, que muchos la buscaron, no la encontraron y fallecieron por ello, porque nunca existió… Hablamos de la legendaria tierra de El Dorado.
La vida
Walter Raleigh
es la historia de un conspirador palaciego, la de un aventurero de alcoba, la de un marino más profesional que vocacional que perdió el juicio y sus “papeles” buscando fabulosos tesoros en el interior de las selvas centroamericanas. Quizás, si el diablo se hubiera puesto de su lado, Raleigh sería hoy en día una figura de una talla similar a la Francis Drake 1, pero, paradójicamente, el destino, lejos de favorecerle, le dio la espalda haciéndole perecer víctima de sus propias maquinaciones y sueños de grandeza.
Walter Raleigh nació en la localidad de Devonshire2, en la campiña inglesa en 1552. Murió decapitado en la Torre de Londres en 1618. Fue miembro del Parlamento de Inglaterra. Su infancia no estuvo marcada por los paseos por los muelles, ni por la presencia de los lobos de mar retirados, ni por los relatos de contrabando y pillaje en el Canal de la Mancha. Tuvo una infancia tranquila, casi aburrida. Su progenitor, de idéntico nombre, era un hidalgo provinciano, dedicado al cuidado de sus propiedades procurando que a su hijo no le faltara de nada para que fuera un hombre de provecho, incluyendo una esmerada educación. Basándose en los datos que se disponen sobre su infancia y adolescencia, el joven Raleigh debía de ser un muchacho despierto e inteligente, ya que con sólo 14 años fue enviado a la Universidad de Oxford para estudiar la carrera de leyes. Pero su corazón y ambiciones no estaban por la labor de adentrarse en el mundo de los libros. El ambiente universitario le parecía soporífero y pesado, motivo por el que abandonó los estudios y se dedicó a la carrera de las armas.
El ser de buena familia le facilitó su ingreso en el Ejército, alcanzando rápidamente el grado de Oficial. Con 16 años ya se encontraba en Francia al mando de un Regimiento tomando parte en las Guerras de religión.
Fueron días movidos y violentos para el joven Raleigh, quien en años posteriores tomó parte en sus primeras expediciones corsarias en el Canal de la Mancha, teniendo como compañero de correrías a su hermanastro
Humphrey Gilbert, nacido del segundo matrimonio de su padre con Catalina Cahampernoum.
Como todos los corsarios, conoció desde muy joven el amargo sabor de la derrota. En 1578, y ambicionando acometer una hazaña con el que 1 Francis Drake, conocido en España como Francisco Draque, fue un pirata inglés, explorador, comerciante de esclavos, político y vicealmirante de la Marina Real inglesa. 2
Devon
es un condado no metropolitano situado en el suroeste de Inglaterra, que limita con Cornualles al oeste y con
Dorset y Somerset al este. El nombre de Devonshire se utilizó durante un tiempo aunque en la actualidad ha caído en desuso y se utiliza sólo para algunos nombres oficiales como el de Duque de Devonshire. Su capital es Exeter.
alcanzar la gloria, organizó una expedición con la intención de capturar la
Flota de Indias. Para eso, reclutó su tripulación entre los más “lustroso” de
la escoria de Inglaterra o sea, entre “quienes habían escapado del
verdugo, los blasfemos, rufianes y asesinos a quienes la piratería ofrecía
digna salida”, tal y como relata su biógrafo, August St. Johns. Al mando de
semejante ralea envió a su hermanastro, Humphrey Gilbert, a viajar hasta
las Islas Azores y esperar emboscados el paso de la flota española
procedente de América. La información de que disponía
Raleigh
era
auténtica, y la flota española arribó a las Azores en la fecha prevista, pero
todo fue un desastre; una auténtica carnicería. Los ingleses,
indisciplinados y mal mandados por sus Oficiales, se estrellaron una y otra
vez contra el fuego de los barcos españoles que servían de escolta a la
Flota de Indias. La mayoría de los barcos ingleses se hundieron en el
cañoneo inicial, y casi 500 piratas encontraron la muerte en una
escabechina espantosa. La hez y la escoria que había escapado del
patíbulo y de las lúgubres prisiones londinenses, encontró un nuevo
acomodo: bajo las profundas aguas del Océano Atlántico.
A pesar de este notable fracaso, Inglaterra estaba ávida de héroes; figuras
que contribuyeran a crear la leyenda de poderío marítimo y el joven
Raleigh
, que había logrado capturar varias piezas durante sus correrías en
el Canal de la Mancha, acaparó la atención y el interés del conde de
Leicester, Robert Dudley
3
, quien se convirtió en su protector. En 1580, con
sólo 28 años, y por consejo de éste, se trasladó a Londres, donde gracias a
sus amistades consiguió el mando de una Compañía de Infantería, al
frente de la cual partió a Irlanda para combatir a los españoles. Esta
campaña le sirvió a
Raleigh
para ganarse un discreto prestigio como
militar, del que se valió a su regreso a Londres para introducirse en la
Corte, objetivo que no le fue difícil. Hombre apuesto y elegante, siempre
bien vestido y a la última – a él se le atribuye la introducción de la
costumbre de fumar en pipa en los salones reales – y una notable
habilidad para la poesía,
Raleigh
no tardó mucho en introducirse en los
círculos reales, y de ahí dar el salto al dormitorio de su soberana, la Reina
3 Robert Dudley, primer conde de Leicester, fue el favorito de la reina Isabel I de Inglaterra durante la
mayor parte de su reinado. Fue hijo del duque de Northumberland.
El Espía Digital – http://www.elespiadigital.com
4
Isabel I, conocida por sus súbditos como la “
Reina Virgen
”, y en honor a la
verdad hay que reconocer que las dotes amatorias de nuestro pirata
debieron de ser envidiables, ya que gracias a ellas obtuvo el nada
despreciable título de “el favorito de la Reina”.
Raleigh
supo sacar buena
tajada de la influencia que ejercía sobre su soberana, de tal manera, que
en 1582 consiguió el apoyo necesario para preparar su segunda
expedición. El objetivo no era ni más ni menos que la conquista de El
Dorado… El inglés estaba fascinado e impresionado por todas las leyendas
que circulaban acerca de un mítico imperio indígena en tierras
americanas, repleto según se creía, de fabulosos tesoros, creyendo
firmemente en la veracidad de lo que le habían dicho. Para ayudar en su
ilusoria intención, se dice que
Walter Raleigh
se comportaba con un
auténtico iluminado, considerándose a sí mismo como el “elegido” por
una fuerza mayor para acometer una gran empresa en el Nuevo Mundo,
afirmando que le asistía un derecho de naturaleza prácticamente divina,
para realizar cualquier acto de contrabando o piratería que fuera
necesario a lo largo de su “misión”.
Cinco naves de gran calado y bien armadas: la
Delight, Raleigh, Golden
Hind, Swallow y Squirrel
y una tripulación de 260 hombres, reclutados de
nuevo entre la mejor gente “de bien” de la más baja estofa y de lo más
granado de los bajos fondos de los muelles londinenses, comandados otra
vez por su hermanastro Humphrey Gilbert.
Walter Raleigh
no llegó a
embarcar, por lo que se ahorró el penoso trago de contemplar el desastre
que aguardaba a los expedicionarios. Los ingleses llegaron frente a las
costas de Terranova, pero una epidemia se cebó con los aventureros,
causando una mortandad espantosa, y la mayoría de los que sobrevivieron
perecieron a merced de la furia de la naturaleza, ya que una galerna acabó
por destrozar lo que quedaba de la flota inglesa. Cuatro de los cinco
buques se fueron a pique con sus tripulaciones, tan solo una de las nave,
paradójicamente la que llevaba su nombre, logró regresar a Inglaterra con
apenas un par de docenas de supervivientes. El propio Humphrey Gilbert
fue de los se quedaron para siempre en las frías aguas que rodeaban al
Nuevo Mundo.
El Espía Digital – http://www.elespiadigital.com
5
Muy buenas debían ser las cualidades amatorias de
Raleigh
, para que
siguiera gozando del apoyo de soberana, ya que estuvo dispuesta a
respaldarle en cualquiera de sus proyectos, al menos hasta ese momento,
por disparatados que hoy nos puedan parecer, ya que en 1584, inició los
preparativos para una nueva expedición, poniendo al mando a los
capitanes Phillip Amydas y Arthur Barlowe. Tras una larga travesía, los dos
marinos ingleses lograron alcanzar las costas americanas llegando a una
Isla a la que los indígenas llamaban Roanoke
4
. Los nativos los recibieron
con hospitalidad, y los ingleses regresaron a su Patria contando mil
maravillas de aquel lugar.
Raleigh
decidió bautizarlo como Virginia, en
honor a su Reina, que aún no se había casado. Las buenas nuevas
despertaron el optimismo de
Raleigh
y le ayudaron a mejorar aún más su
situación en la Corte. Deseoso de complacer a su Reina, y soñando con la
gloria que le podía deparar la nueva empresa, inició los preparativos para
la colonización del nuevo territorio de Virginia, pero lo que
Raleigh
y su
Reina entendían por “colonización” no respondía a ningún noble estímulo
científico o comercial. Lo que en realidad buscaban era instaurar en
aquellas tierras una base naval desde la cual los corsarios y piratas
ingleses pudieran acechar con facilidad el paso de su pieza más codiciada:
La Flota de Indias de la Monarquía Hispánica.
De nuevo,
Walter Raleigh
, en lugar de ponerse al frente de su empresa,
delegó la responsabilidad en terceros; en este caso el mando recayó en los
capitanes Richard Greenville y Ralph Lane. Estaba claro que nuestro
protagonista prefería quedarse en la Corte para no perder el lugar
privilegiado del corazón de la Reina, en vez de alardear de su “aureola de
marino y explorador”, que tanto le gustaba. Y algo de razón tenía, ya que
por aquella época hizo su aparición otro seductor tan ambicioso y
retorcido como él y con aspiraciones a sustituirle en el lecho de Isabel I; se
trataba del conde de Essex
5
, con quien
Raleigh
mantuvo un enconado
enfrentamiento. Tras partir del puerto de Plymouth, los capitanes
Greenville y Lane no tardaron mucho en demostrar que no eran los
4
La isla de Roanoke en el condado de Dare, actual Carolina del Norte, Estados Unidos, fue un intento del
siglo XVI de la Reina Isabel I de Inglaterra de establecer un asentamiento inglés permanente en América.
5
Robert Devereux, segundo conde de Essex, militar y valido inglés. Estuvo en la corte de la reina Isabel I
de Inglaterra y es el más conocido de los poseedores del título Conde de Essex. Después de la fallida
campaña militar contra los rebeldes irlandeses durante la Guerra de los Nueve Años en 1599, conspiró
contra la Reina y fue ejecutado por traición.
El Espía Digital – http://www.elespiadigital.com
6
exploradores y colonizadores que aparentaban ser, sino vulgares piratas.
Nada más llegar a la altura de las Canarias, asaltaron dos barcos
mercantes españoles, que prácticamente desarmados, no tuvieron
ocasión de presentar mucha resistencia. Tras apoderarse de su carga y
deseosos de obtener algún beneficio extra, los dos capitanes se desviaron
de su ruta inicial dirigiéndose hacia las costas de Marruecos, donde
vendieron a los españoles prisioneros como esclavos. Lo que sacaron de
este despreciable negocio con los marroquíes fue lo único bueno que esta
aventura deparó a los ingleses, si es que se puede llamar “bueno” a la
venta de esclavos.
La travesía del Atlántico fue monótona y rutinaria, llegando la expedición
a la costa de la Isla de Roanoke, ya rebautizada como Virginia. Una extraña
mezcla de auténticos colonos, aventureros y soldados comenzó a
instalarse en el nuevo territorio. Pero las cosas se torcieron desde el
principio; si en el anterior viaje habían sido recibidos amistosamente por
los indígenas, esta vez no ocurrió lo mismo. Los indios
algonquinos
6
miraron ahora con suspicacia a los recién llegados y sus
intentos de instalarse en su territorio. El temor de los nativos a que los
blancos trataran de arrebatarles sus tierras fue el detonante de las
hostilidades. Durante un año, los ingleses instalados en Roanoke sufrieron
el asedio continuado e implacable de los indios, que les causaron muchas
bajas. La llegada del crudo invierno y la progresiva escasez de víveres y
provisiones hicieron su estancia en la Isla un verdadero infierno; los
aventureros no podían arriesgarse a abandonar su emplazamiento e
internarse en los bosques cercanos en busca de caza sin correr el riesgo de
perder sus cabelleras
7
. Las penalidades se encadenaron una detrás de
otra, y la situación llegó a ser tan desesperada que los supervivientes
rogaron a sus capitanes que les sacaran de aquel infierno virgen y les
llevaran de vuelta a Inglaterra, pero éstos se negaron temiendo quizá las
6
Los algonquinos forman un grupo de pueblos nativos de Canadá, Estados Unidos y norte del Estado
mexicano de Coahuila que hablan las lenguas algonquinas. Cultural y lingüísticamente, están
estrechamente relacionados entre ellos. Los pueblos algonquinos se extienden desde Virginia a las
Montañas Rocosas y por el norte a la bahía de Hudson. La mayoría de los algonquinos, no obstante,
viven en Quebec; las nueve tribus algonquinas en esa provincia y una en Ontario tienen una población
total de unas 11.000 personas.Los algonquinos fueron las primeras personas en vivir en lo que hoy es la
ciudad de Nueva York.
7
Con el paso de los años, una cabellera, símbolo de valor entre los indios que indicaban el número de
blancos que habían atacado y posiblemente asesinado, se convirtió en una costumbre similar entre
ingleses, holandeses, los propios indios y especialmente los franceses.
El Espía Digital – http://www.elespiadigital.com
7
iras de su Reina. Afortunadamente, y antes de que el desastre terminara
en la más absoluta de las miserias, fueron evacuados por los barcos de
Francis Drake. El único éxito de la expedición fue que gracias a ellos, el
tabaco y la patata llegaron por primera vez a Inglaterra, aunque ya los
españoles hacía muchos años habían introducido ambos productos en el
continente europeo.
Raleigh
sumaba así un nuevo fracaso a su ya importante relación de
desastres. Pero su tenacidad y ambición desmedida le llevó a intentar otra
vez la colonización de Virginia. La nueva expedición la mandó el capitán
John White, quien convenció a un centenar de colonos a trasladarse a
laIsla de Roanoke. Los inicios de la aventura fueron alentadores; nació una
niña, Virginia Dare, primera anglosajona nacida en el Nuevo Mundo. Todos
pensaron que era un buen augurio, pero la realidad fue muy distinta.
Cuando tiempo después naves inglesas volvieron a Roanoke, no quedaba
ni rastro de la colonia que habían implantado. Sus habitantes habían
perecido, víctimas de las enfermedades y de los indígenas. Para
Walter
Raleigh
fue el principio del fin de su buena estrella. Sus estrepitosos
fracasos unidos al hecho de que había contraído matrimonio con Elizabeth
Thockmorton, una de las damas de compañía de la Reina Isabel, le
llevaron a perder el favor de su soberana, acabando en la Torre de
Londres
8
, aunque logró comprar su libertad regalando a la Corona el botín
capturado a la
Nave de Dios
, nave portuguesa que los capitanes Greenville
y Lane habían asaltado en su expedición. Con todo,
Raleigh
nunca cejó en
su empeño en recuperar el favor de la Reina, del que ahora gozaba su
favorito, el conde de Essex. Como no pudo desbancar a su rival con sus
habilidades de cortesano y amante, trató de impresionar a la Reina
organizando otra expedición que se dirigía hacia la región del río Orinoco
(Venezuela) buscando la mítica región de El Dorado, ya que creía
8
La Torre de Londres, oficialmente el Palacio Real y Fortaleza de su Majestad, es un castillo histórico
situado en la ribera norte del río Támesis en el centro de Londres. Se fundó hacia finales de 1066 como
parte de la conquista normanda de Inglaterra. La Torre Blanca, que da nombre al castillo entero, fue
construido por Guillermo el Conquistador en 1078, convirtiéndose en símbolo de la opresión en Londres
por parte de la nueva élite gobernante. Desde al menos 1100, el castillo fue usado como prisión, aunque
no era este el propósito primario. La torre ha servido como armería, tesorería, casa de fieras, Real Casa
de la Moneda, registros públicos, y casa de las joyas de la Corona de Inglaterra.
El Espía Digital – http://www.elespiadigital.com
8
firmemente en esta leyenda pero que ya había costado la vida a muchos
exploradores españoles; Lope de Aguirre
9
fue un ejemplo.
En enero de 1565 la expedición compuesta por cinco naves zarpó del
puerto de Plymouth y tres meses después llegó frente a las costas
americanas, arribando el tres de marzo a Trinidad
10
anclando sus naves en
el puerto de la Isla, San Juan de Oruña. La razón que
Raleigh
eligiera este
destino era por dos razones: por las informaciones de Pedro Sarmiento de
Gamboa
11
y porque el inglés sabía que el Gobernador local, Antonio Berrio,
que también estaba contagiado igual que él de la llamada “enfermedad de
El Dorado”, y que incluso había escrito a la península solicitando el envío
de tropas para localizar aquel mágico lugar. Nada más llegar,
Raleigh
y sus
hombres se apoderaron de la ciudad de San José e hicieron prisionero a
Berrio para interrogarle. El Gobernador estaba entusiasmado por el mito y
dijo a los piratas que El Dorado estaba situado, según sus informes, en la
desembocadura del río Orinoco, en una laguna llamada Parime, (situada
entre el norte de Brasil, sur de Venezuela y de la Guayana) cuyo fondo
albergaba un auténtico tesoro compuesto por todos los objetos de oro
que los indios arrojaban allí durante sus ceremonias. Los ingleses se
creyeron todas las necedades que les contó Berrio, y por eso
Raleigh
desembarcó a 150 hombres para que explorasen el río Orinoco, aunque
no tardó en darse cuenta de que para acometer una expedición de
semejante envergadura necesitaría más hombres y medios. Decidió
regresar a Inglaterra con el fin de organizar una expedición mucho mayor,
dejando a dos hombres como “embajadores de buena voluntad” con un
cacique indio llamado Topicuari, de esta manera,
Raleigh
creyó asegurarse
que a su vuelta no tendría problemas con los nativos algonquinos.
9
Lope de Aguirre,
Lope
el Loco
o
Lope
el Tirano
, apodos usados incluso por sus propios hombres, y
también como se denominaba a sí mismo,
Lope de Aguirre
el Peregrino
(1511-1561), fue un explorador
español y
conquistador de Sudamérica
que protagonizó un episodio de cruentos asesinatos selectivos
para erigirse en líder de una expedición en la búsqueda de
El Dorado
y, a su vez, acaudilló una rebelión
contra la
Monarquía Hispánica
, evento por el que fue asesinado en
Barquisimeto
, en territorio de la
actual
Venezuela
.
10
Trinidad es una isla del mar Caribe, la mayor de la República de Trinidad y Tobago y de las Antillas
Menores. Está situada aproximadamente a una decena de kilómetros de distancia de la costa oriental de
Venezuela.
11
Pedro Sarmiento de Gamboa (1532- 1592) fue marino, explorador, escritor, historiador, astrónomo,
científico, y humanista del siglo XVI.
El Espía Digital – http://www.elespiadigital.com
9
Como no podía permitirse el lujo de regresar a su Patria sin botín alguno,
Raleigh
se dirigió con sus naves a Isla Margarita
12
con intención de
saquear el lugar. Pero los españoles prevenidos de su presencia, se
enfrentaron a los piratas, matando a siete de ellos y capturando a otros
tres. Este revés enfureció a
Raleigh
, al ver como su expedición entraba de
lleno en la ya abultada lista de sus fracasos. Se dirigió entonces a las
cercanías de Santiago de Caracas
13
, donde los españoles también les
hicieron frente. Pero un mulato, Villalpando, se ofreció a colaborar con los
piratas enseñándoles un sendero por el que podría capturar la población
tomando desprevenidos a sus habitantes. Siguiendo las instrucciones del
mulato, unos 500 piratas penetraron en la plaza atacando a los españoles
que tuvieron que huir al bosque. Tan sólo un anciano, Alonso de Andrade,
se enfrentó a los asaltantes montado a caballo y armado con una lanza,
valeroso gesto que le costó la vida. Los piratas registraron todo el pueblo
sin encontrar ningún botín de valor.
Raleigh
, colérico, ordenó incendiar la
plaza y ahorcar a Villalpando. Reunió a sus hombres y puso rumbo a
Inglaterra. Mientras tanto, el Gobernador de Cumaná
14
, alertado de las
correrías de los piratas, envió a sus hombres a Trinidad para tratar de
apresarlos, pero llegaron demasiado tarde, pues las naves inglesas ya
estaban en alta mar, pero se enteraron entonces los españoles de la
presencia de los dos “embajadores” que
Raleigh
había dejado con los
indios. Éstos, que no querían desagradar a los españoles se los ofrecieron
como cautivos, pero sólo pudieron entregar a uno de los ingleses, un tal
Sarrey, ya que el otro había muerto a causa del ataque de un jaguar. El tal
Sarrey, fue enviado posteriormente a España, donde estuvo prisionero
varios años hasta que finalmente se le permitió regresar a su país.
Ya en Inglaterra, a Walter Raleigh , le fue bastante difícil conseguir el apoyo necesario para su nueva expedición. El escaso éxito de su anterior aventura desanimó a los inversores y armadores, aunque Raleigh hizo todo lo posible para convencerles de las fabulosas riquezas que les aguardaban si lograban conquistar El Dorado. Incluso llegó a escribir un libro Descubrimiento del gran, rico y hermoso imperio de la Guyana en relación con la grande y hermosa ciudad de Manoa (a la que los españoles llamaban El Dorado), en donde trataba de demostrar la autenticidad del mito. Pero si la suerte le fue esquiva en este asunto, no lo fue en lo que respecta a las relaciones con su soberana; Raleigh vio feliz como su gran rival, el conde de Essex, caía en desgracia y era ejecutado, pasando  él nuevamente a ocupar el favor de la mal llamada “Reina Virgen”. El pirata, pese a sus fracasos y derrotas, volvía a encontrarse inexplicablemente en el apogeo de su popularidad en la Corte. Pero su buena racha no duró
mucho; en 1603 fallecía su Reina en la localidad de Richmond 15, subiendo al Trono inglés, Jacobo I Estuardo, que iba a ser quien acabara con su existencia.
En 1604, sus aspiraciones de organizar una nueva expedición a la región del Orinoco se vieron truncadas tras la firma de la paz entre Inglaterra y España, cuyo tratado 16 prohibía que cualquier acción de piratería fuera
amparada por la Corona inglesa. A pesar de este acuerdo, la Corona española intuía que en la práctica podía ser muy distinta y que estas acciones podían seguir realizándose de manera encubierta, por eso, en 1605 se emitió una Cédula en la que se ordenaba “hacer justicia a todos los piratas que pudieran resultar presos en los mares, costas y puertos de aquellas provincias desde las Islas Canarias en adelante, y ejecuten las penas establecidas por derecho, y leyes destos Reinos de Castilla”.
Para colmo de males, tras la muerte de su Reina y protectora, Raleigh , ya no volvió a gozar nunca más del favor de la Corona, incluso en 1613 fue acusado de conspirar contra el nuevo monarca, Jacobo I, y conducido por 15  Richmond es una localidad suburbana en el suroeste de Londres que forma parte del municipio de Londres de ‘Richmond upon Thames’. Se encuentra a 13.2 kilómetros al suroeste de la estación de Charing Cross.
16
El Tratado de Londres, también llamado de Somerset House, fue un tratado de paz, firmado por España e Inglaterra en la ciudad de Londres el 28 de agosto de 1604 que marcó el final de la Guerra anglo-española de 1585-1604. Las condiciones del tratado fueron favorables a España, pero a la vez España hubo de comprometerse a no intentar reinstaurar el catolicismo en Inglaterra.
segunda vez a la Torre de Londres, después de que se le confiscaran todos sus bienes y propiedades. No sería la última. Pero hay que reconocer que las dotes persuasivas que tenía Walter Raleigh , estaban fuera de lo normal, ya que estando preso, se las apañó para convencer a su Rey de la necesidad de que le financiase otra expedición a tierras americanas. En 1616, el pirata consiguió la autorización y ayuda real para llevar a cabo sus planes. En teoría,
Raleigh se proponía explotar una supuesta mina de plata que dijo haber descubierto en su anterior viaje a la Guyana, pero la realidad era otra; ir a buscar nuevamente la mítica región de El Dorado.
Nada más enterarse de los planes del pirata, el embajador español en Inglaterra, Diego Sarmiento de Acuña17
, conde de Gondomar, elevó una airada protesta. Alegó y con razón, que la mina a la que se refería Raleigh
no existía y que el pirata lo que de verdad quería era saquear las posesiones españolas. Pero el Rey inglés tranquilizó los ánimos de Gondomar dándole su palabra de que en el caso de que Raleigh  cometiera alguna acción ofensiva contra los intereses de la Corona española o de sus súbditos, lo encarcelaría y lo entregaría para que fuera ajusticiado en la Plaza Mayor de Madrid. El 17 de abril la expedición de Raleigh zarpó del puerto de Plymouth. La integraban 17 naves, entre ellas el Destinity, buque de 300 Ton y 35 cañones, construido especialmente para la ocasión y en el que el pirata izó su pabellón; el Jason de 240 Ton y 25 cañones; el Encounter de160 Ton y 17 cañones; el Inder de 180 Ton y 20 cañones; la Flying Joan de 120 Ton y 14 cañones… con tripulaciones que rozaban los 2.000 hombres, todos ellos de la peor catadura moral y reclutados entre los líderes de la hez londinense. La acompañaba su propio hijo y sir Lawrence Keymis, encargado de mandar las fuerzas de asalto. Los comienzos de la travesía no pudieron ser peores. La Flying Joan se fue a pique a causa de una tempestad, debiendo refugiarse el resto de la flota 17 Diego Sarmiento de Acuña, I conde de Gondomar y señor de las Villas y Casa de Gondomar (1567-1626) fue un noble y diplomático, Caballero de la Orden de Calatrava y embajador de España en Inglaterra entre 1613 y 1622. Fue el más avisado y experto embajador español de la Edad Moderna, merecedor de epítetos como el “Embajador de España” y el “Maquiavelo español”. Amigo personal de Jacobo I de Inglaterra, tuvo un papel muy destacado en la política inglesa del período, en especial en el mantenimiento de la paz entre Inglaterra y España, liderando la facción católica y pro-española de la Corte inglesa.
en puertos irlandeses, sin poder volver a la mar hasta el 19 de agosto, llegando a la Isla de Gran Canaria a finales de dicho mes. Como España e Inglaterra ya habían firmado la paz, el Gobernador de la Isla, Osorio, les recibió cordialmente y se ofreció a venderles víveres y todo lo necesario para su viaje, pero Raleigh rechazó la oferta decidiendo proseguir hasta Lanzarote. Allí los ingleses fueron recibidos igualmente de forma amistosa, pero los ingleses correspondieron armando camorra y realizando diversos actos de pillaje que acabaron por encolerizar a los lugareños, que arremetieron contra los piratas matando a varios de ellos. Los ingleses tuvieron que huir precipitadamente, perdiendo, por su mala cabeza, otra de sus naves, el Husband, cuyo capitán, Bayle,  aprovechando la confusión del momento, desertó y regresó a Inglaterra. Cuando llegó, informó a la Corte inglesa de lo ocurrido y éste a Gondomar, quien a su vez lo comunicó al Rey de España, Felipe III , sugiriéndole que como represalia, embargara los bienes y naves inglesas que hubiera en el puerto de Sevilla.
Walter Raleigh trató de calmar los ánimos de los españoles y pidió perdón al Gobernador de Lanzarote, tratando de convencerle de que tan sólo deseaba comerciar pacíficamente, pero después de los violentos sucesos provocados por los ingleses, se negaron en redondo a tener más trato con ellos.
Raleigh se vio obligado a abandonar el puerto y tratar de recalar en otro punto de la Isla, pero allí donde intentó desembarcar fue recibido con hostilidad, perdiendo algunos hombres más en sus intentos de conseguir agua y víveres. Finalmente un hacendado local, Diego Guzmán de Ayala, ignorante de lo que había ocurrido en Lanzarote, les permitió amablemente abastecerse, pero el infortunio volvió a caer de nuevo sobre los corsarios durante la travesía atlántica. Una epidemia de peste diezmó la expedición causando numerosos muertos, que afectó incluso al propio Raleigh, que aunque cayó enfermo, logró recuperarse. El 7 de noviembre, tras sufrir toda clase de calamidades, los ingleses llegaron frente a la desembocadura del río Orinoco. Aunque Raleigh había jurado que sus
intenciones eran pacíficas y que sólo buscaba comerciar y explorar, nada más avistar la Isla de Trinidad preparó sus naves y sus hombres para el asalto.
Tras fondear sus naves en la Punta del Gallo, en el suroeste de la Isla de Trinidad, Raleigh inició su ataque contra la plaza de la Isla de Santo Tomé, enviando cinco pataches, Encounter, Fly, Suplu, King y Confidence, con unos 600 hombres entre los que figuraba la llamada “Compañía de jóvenes aventureros” mandada por el hijo de Raleigh, aunque la coordinación de todo el asalto la llevaba sir Lawrence Keymis. La flotilla remontó el Orinoco hasta llegar a la Isla de Jaya, donde se encontraba Santo Tomé. Keymis hizo desembarcar a 500 de sus hombres para que
atacaran la plaza por tierra, mientras él la dirigió por mar. El Gobernador español, Diego Palomeque y Acuña, había organizado la defensa de la ciudad pero con sólo 37 hombres armados, entre indios, vecinos y labradores, pero a pesar de su inferioridad numérica decidió aguantar el ataque, al tiempo que hizo desalojar al resto de vecinos que huyeron a la selva llevándose con ellos sus posesiones de más valor. Nada más comenzar el combate la superioridad numérica inglesa se hizo notar. Los españoles fueron desbordados abandonando su línea defensiva de
trincheras y replegarse hasta el centro de la ciudadela, donde se combatió cuerpo a cuerpo, siendo el resultado totalmente sanguinario. Perecieron casi todos los españoles, entre ellos el propio Palomeque; los ingleses
también pagaron un altísimo precio en vidas humanas, entre ellas la del hijo de Raleigh, Walt, que encontró la muerte combatiendo con un capitán español. Los ingleses registraron la villa sin encontrar botín alguno, por lo
que prendieron fuego a las casas partiendo luego en busca de los españoles que habían huido a la selva. Los piratas mandados por Keymis, remontaron el río en lanchas, pero un capitán español, Gerónimo de Grados, les tendió una emboscada con diez arcabuceros y otros tantos indios. Una lluvia de flechas y balas cayó sobre los ingleses, que ni siquiera tuvieron tiempo de averiguar dónde estaban sus enemigos. A los nueve días, los ingleses, diezmados por estas emboscadas, regresaron a Santo Tomé. Allí, Keymisse presentó ante su superior totalmente avergonzado, y
le comunicó que las bajas sumaban las 250, entre ellos, el hijo de Raleigh y numerosos Oficiales. Keymis abrumado por esta derrota, se suicidó disparándose un tiro en la cabeza, aunque algunas fuentes apuntan a que podría haber muerto a manos del propio Walter Raleigh quien le había matado en un ataque de ira al recibir tan pésimas noticias.
El caos y el desconcierto se apoderaron de la flota corsaria. Consciente que no podían regresar a Inglaterra sin un botín de importancia, Raleigh propuso quedarse un tiempo por aquellas costas acechando a la Flota de Indias, pero varios de sus capitanes se negaron, lo que motivó que Raleigh perdiera dos de sus naves, el Encounter y el Council, que decidieron regresar a Inglaterra. Con lo quedaba de su flota, Raleigh trató de seguir pirateando por la zona, pero la suerte ya le había dado la espalda. Se encontraba en aquellas aguas el capitán Alonso de Contreras 18, quien al mando de dos Galeones, había recibido la orden de capturar a toda la banda de piratas. Cuando se produjo el encuentro entre las naves inglesas y españolas, Contreras utilizó la táctica de ordenar a sus barcos que fingieran huir, para que los piratas creyeran que se trataban de naves mercantes en lugar de navíos de guerra. Los españoles dejaron que los navíos ingleses se acercaran lo suficiente y cuando éstos estuvieron a tiro, abrieron fuego. Los barcos ingleses resultaron seriamente dañados, pero a pesar de ello, al ser más ligeros que los españoles, lograron escapar de la zona de combate. Aun así, el capitán Contreras salió en su persecución, logrando apresar a uno de ellos.
Walter Raleigh, abatido, destrozadomoralmente, derrotado, desanimado y sin el respeto de sus hombres, iniciaba la vuelta a Inglaterra, imaginándose lo peor que le podía pasar. De los 17 barcos que salieron de Plymouth, solo regresaron dos, el Destinity y el Jason. Consciente de que no iban a ser parabienes y honores lo que le aguardaban en Londres, Raleigh quiso dirigirse a Francia, pero su tripulación se amotinó y finalmente acabaron en el puerto de Plymouth.
Nada más llegar a tierra, Walter Raleigh fue arrestado. El embajador español, conde de Gondomar, había  presentado pruebas de sus “hazañas” como pirata y se celebró un juicio, en el que paradójicamente, Raleigh, vio
como sus propios hombres se convirtieron en testigos de la acusación. El historiador Dionisio Fernández Duro en su obra Armada española deja constancia de cómo durante el juicio, un apesadumbrado y decepcionado 18
Alonso de Guillén (1582-1641) más conocido como Alonso de Contreras, fue un militar, corsario y escritor español, autor de unas memorias que escribió quizá a instancias de su amigo Félix Lope de Vega.
Se trata de una de las pocas autobiografías de soldados españoles que militaron en el ejército de los Austrias, y constituye su ejemplo más destacado junto a la Historia verdadera de Bernal Díaz del Castillo.
Walter Raleigh pronunciaba:
¿Ha conocido Su Señoría persona a la que se acusase de piratería viniendo con millones?
Una frase repleta de amargura, pero sumamente reveladora, con la que Walter Raleigh  reflejaba de una manera asombrosamente lúcida la hipócrita política con que la Corona inglesa trataba a sus, en otros tiempos tan queridos “perros del mar”. Si volvían con un importante botín eran recibidos como héroes nacionales, pero si regresaban derrotados y con las manos vacías, se les trataba como a vulgares forajidos. Sea como fuere, sir Walter Raleigh
fue declarado culpable y conducido una vez más como “inquilino” a la Torre de Londres, en donde ya había estado en dos ocasiones y en la que, tras un fallido intento de fuga, fue ajusticiado el 29 de octubre de 1618. Moría de forma ignominiosa el que fuera el último de los “perros de la Reina”, ejecutado precisamente por el mismo poder al
que, ya fuera por patriotismo o por simple avaricia, él siempre había tratado de complacer. Si Roma no pagaba traidores, Inglaterra no tenía compasión con los fracasados.
Bibliografía
FERNÁNDEZ, Vicente. CUETO, Dionisio Álvarez. Los perros de la Reina.
MONTERO, Pablo. Imperios y

http://www.elespiadigital.com/images/stories/Documentos8/Los%20perros%20del%20mar%20(yIII).pdf

 

Leer: Los perros del mar (y III): Walter Raleigh

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s