Fernando Gallego: El inventor olvidado

Jueves 09 de Febrero, 2017
Los libros de historia no recogen que gracias a él se logró unir continentes y diseñó un avión capaz de despegar y aterrizar en vertical. Recogemos su historia. Su leyenda. Una historia a la que nosotros sí queremos hacer honor. Se llamaba Fernando Gallego Herrera. Un inventor asombroso.
Texto: Alejandro Polanco

Le llamaban “El ruso”. Un gorro de astracán con el que paseaba en los días invernales, acompañado en ocasiones de un leopardo atado a una cadena dorada, le hacía merecedor de ese apelativo. Nació en la salmantina localidad de Villoria el 14 de febrero de 1901 y falleció el 10 de junio de 1973 en Pamplona. En esas siete décadas de vida alumbró conceptos  y proyectos que dejan pasmado a cualquiera. Realizó los primeros estudios en su Villoria natal, pasando más tarde a estudiar en el colegio de Calatrava en Salamanca, donde rompió todas las escalas y… ¡tuvieron que crear un premio especial por sus logros académicos! En Madrid estudió en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, logrando las mejores calificaciones y el Premio Escalona al ser el primero de su promoción. Siendo ingeniero recién titulado, en 1926, comienza a recibir encargos de gran importancia que logra superar con eficacia sin igual. Trabaja en el diseño de la Estación de Francia en Barcelona, y en las obras del Metropolitano. Por si esto fuera poco, estudia posteriormente Derecho en la Universidad Central de Madrid, aprende cuatro idiomas y obtiene el título de piloto de aviación en julio de 1936.

Por esa época presenta su proyecto de avión de despegue vertical o “Aerogenio” y su plan para unir las dos orillas del estrecho de Gibraltar a través de un túnel flotante submarino.

Como en tantas otras ocasiones, la Guerra Civil cortó de raíz sus sueños, pasando cuatro meses escondido en un pajar en Villoria a la espera de un permiso y protección del Gobierno de los Estados Unidos, un apoyo que posteriormente le salvó de la prisión o el exilio forzado. Sin embargo, en 1941 fue depurado por el gobierno franquista y tuvo que abandonar su puesto en la Dirección General de Obras Hidráulicas.

El increíble Aerogenio
La incursión de Fernando Gallego en el mundo de la aviación es fascinante. Su sueño consistía en construir naves volantes capaces de despegar y aterrizar verticalmente, tal y como hacen hoy día muchos cazas de combate, como el célebre Harrier Jump Jet o el futurista Lockheed Martin F-35 Lightning II.

Todo comenzó en 1932, al menos oficialmente, con cierta patente, aunque la idea llevaba rondando la cabeza de nuestro genio desde hacía mucho tiempo. En mayo del citado año vio la luz la patente española número 125936 sobre “Un sistema de aparato de vuelo por aire comprimido” (en total consiguió tres patentes relacionadas con este concepto, algunas de ellas también registradas en el extranjero). Para abreviar, Fernando llamaba a su aparato como “Aerogenio”. Construyó tres prototipos, todos ellos muy diferentes a los aviones de su época. Movido por aire comprimido gracias a un gran motor de diez cilindros y casi cien caballos de potencia, el primer prototipo llamó mucho la atención y periodistas y curiosos se acercaron a Villoria para contemplar las pruebas. Claro que, hubo quien en Madrid pensó que la invitación a ver la demostración era algo un tanto irrealizable por lo “lejos” que quedaba el lugar y lo extraño del asunto, tal y como cierto periodista del Heraldo de Madrid mencionó con sorna en la edición impresa de ese periódico el 4 de mayo de 1933: “Lo que hay que hacer es mandar con la invitación, que desde luego agradecemos, uno de esos aparatos de aire comprimido para hacer el viajecito…”

Por desgracia, la primera prueba del “Aerogenio” no tuvo buena fortuna aunque, según varios testigos, en las pruebas del segundo aparato sí se logró cierto éxito, sin quedar claro el grado de cumplimiento que logró alcanzarse. La primera nave, prácticamente un ala volante de gran tamaño, debía elevarse verticalmente en el aire y, en teoría, abriría el mundo de los vuelos intercontinentales a través de la estratosfera a la humanidad. Esa era la intención de Gallego, pero todo terminó con el incendio del primer modelo construido con metal, tela y madera y el fracaso de los dos posteriores. En realidad, el ingeniero sabía que el aparato no podría realizar lo que soñaba, más que nada porque era demasiado pesado y no estaba dotado de un motor adecuado para su función.

Con una turbina de gas y materiales actuales bien podría haberlo hecho, era un aparato creado pensando en el futuro, pues en su patente original el ingeniero deja claro que pretende emplear un concepto de mecánica de fluidos como es el de la capa límite de forma novedosa por entonces y que chocaba con las limitaciones de no contar con los materiales adecuados para ser llevada a cabo de forma óptima.

http://www.historiadeiberiavieja.com/secciones/made-in-spain/fernando-gallego-inventor-olvidado

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