La Noche de San Juan en Madrid – La madre de las verbenas.

sábado, 17 de junio de 2017

La tradición 
El solsticio de verano se celebra en todo el mundo desde tiempos inmemoriales. Era llamado por griegos y romanos como “Fiesta del Fuego” en honor al sol que hacia madurar los frutos del campo. Hacia el año 300 el emperador Constantino integró todas las fiestas paganas en el calendario cristiano, siendo asignada la noche más corta del año a San Juan Bautista.

Así los ritos paganos fueron adoptados por los cristianos: agua, fuego y flores. Las iglesias siempre tienen  la pila de agua bendita a sus entradas, siempre arde un fuego encendido ante el Santísimo Sacramento, y las flores adornan las iglesias.

En Castilla los arriendos de las tierras se solían hacer de San Juan a San Juan y además se iniciaba toda la trashumancia del ganado.

Verbena de San Juan en el Paseo del Prado. Año: 1918. Foto: Salazar, La Esfera, BNE.

La celebración de San Juan en Madrid
En la época de la dominación árabe se permitía a los cristianos ir a Atocha a hacer las hogueras, de ahí parece que viene la palabra Atocha, de Atochar, es decir ir con antorchas a hacer las hogueras. Parece que la costumbre era ir a coger las verbenas en un prado que había entre el actual Observatorio Astronómico del Parque del Retiro y la Real Basílica de Nuestra Señora de Atocha. También los árabes celebraban la noche más corta del año.

En el reinado de Carlos I, en el año 1520, el Regidor de la Villa mandó la prohibición de los festejos de la Noche de San Juan por los ruidos y escándalos que se formaban, con la pena a quien se aprehendiese de perder todos sus bienes. Por lo visto al Emperador le molestaba sobremanera estas fiestas cuando coincidía con sus estancias en Madrid.

En el siglo XVI las fiestas más celebradas eran San Juan y Santa Ana (26 de julio), sobre todo con toros, teniendo cada una 15 toros asignados, siendo entonces considerados Santa Ana y San Juan patronos de Madrid. La iglesia de San Juan estaba en la plaza de Ramales, casi frente al Palacio Real, siendo una de las primeras iglesias de la Villa. Fue la capilla por excelencia de la Casa Real hasta 1693, siendo derribada durante el reinado de José Bonaparte.

Grabado de la verbena de San Antonio de la Florida, año 1873. La Ilustración Española Americana, BNE.

Verbena
“La primera verbena que Dios envía es la de San Antonia de la Florida”; sin embargo, la madre de las verbenas es San Juan. Al igual que en la Navidad los pueblos galos tenían la costumbre de recolectar el muerdazo, la verbena -planta- era recolectada en San Juan en todo el sur de Europa, incluida España -también se cogían otras flores, trébol, hierba luisa, albahaca,…- . Se suponía que era un amuleto que traería buena suerte, era signo de la victoria en la batalla y con ella se purificaba los altares.

Fue por la fiesta de la recolección de la verbena por lo que este nombre se asignó a las ferias-fiestas que todos conocemos. Por eso es conocida como la “Verbena Madre“, de la que salieron todas las verbenas “fiestas que se celebraban la noche anterior a la del santo”.  El nombre “verbena” o “bervena” como fiesta aparece en la hemeroteca referido a la fiesta de San Antonio y San Juan del año 1835.

La tradición en San Juan en Madrid era que las mujeres esa noche veían la cara del que habría de ser su esposo en el fondo de la palangana; o tirar un cubo de agua a la calle y su futuro marido tendría el mismo nombre del primer hombre que pasará sobre el agua vertida.

En la primera mitad  del siglo XVII, los madrileños solían ir a la Ribera del Manzanares, a la Fuente de la Teja (Puente de los Franceses). Había muchos altercados, y los escritores describían así la fiesta: “La sal y pimienta, que sirven de fuego a los fiambres, empieza presto a obligar el socorro de la bebida, y, donde el vino anda largo, la espada no se queda corta”.

Hasta el siglo XVIII el pueblo llano iba el día 23 a comer al río Manzanares, entre los puentes de Segovia y de Toledo, y después iba a la feria del Paseo del Prado. De hecho el Paseo del Prado tuvo en un principio como nombre “Prado de San Juan”, debido a que allí se celebraba la fiesta de San Juan.

Poesía publicada en el Diario de Madrid. Año 1799. BNE.

Mientras, la Corte y las personas importantes iban a celebrar San Juan en El Retiro. Desde 1636, bajo el reinado de Felipe IV, se celebraba San Juan y San Pedro en El Retiro. Se hizo un gran anfiteatro, se representaban obras de teatro de Calderón de la Barca con el escenario en medio del estanque. Fue un gran éxito, pero sin embargo solo podía acceder la nobleza. En ese primer año, 1636, en la fiesta de San Pedro el estanque tuvo un problema y el agua lo reventó, yendo a parar el agua al Paseo del Prado. No obstante, tanto gustaron las fiestas de El Retiro que se puso un impuesto al aceite para poder seguir celebrándola todos los años. Así se hizo hasta 1656, cuando se empezaron a vender entradas para las personas que se lo pudieran permitir. Esto fue el inicio del declive de las fiestas palaciegas en El Retiro.

Otra de las tradiciones desde finales del siglo XVIII era publicar en la prensa versos, unas veces dedicadas por los enamorados a sus amadas, y otras simplemente a la fiesta:

“Despertad los del Retiro,
despertad,
que amanece el alba
del señor San Juan.”

O este otro, “Del poeta Benavente”.

“¿Qué sabandija se queda
la víspera de San Juan
sin  ir al río, si hay río,
y sin ir al mar, si hay mar?
Según eso, no es milagro
que en Madrid, que aun río no hay,
vayan todos á un estanque
que de mar tiene un caudal.”

En el año 1813 el Ayuntamiento prohibió las reuniones de los “mozos de cuerda, aguadores, apeadores de carbón, sirvientas,..”, todos asturianos -según decían- y alborotadores: en la Ermita de la Virgen del Puerto. y por extensión en la Pradera de San Isidro y el Prado, debiendo celebrarse en el interior, “tapias adentro”, de la Villa donde había mayor vigilancia municipal. En 1817, se establecieron las ordenanzas con relación a las fiestas que se celebraban en la Villa.

Desde el 1822 el Ayuntamiento sacó un bando todos los años pocos días antes de San Juan en el Diario de Madrid. Es de destacar la redacción tan paternalista que se empleaba, como esta de 1822:

MADRILEÑOS

Los Alcaldes y Ayuntamiento de esta heroica villa al aproximarse las noche de S. Juan y S. Pedro en que, según nuestra antigua costumbre, os entregáis al jubilo, regocijo y alegría en celebridad de estas festividades, os dirigen su voz tan solo para recordaros que la paz, la unión y la fraternidad que deben reinar entre conciudadanos, son las mas hermosas pruebas que en sus reuniones pueden presentar un pueblo libre, de que todo él no compone mas que una sola familia que reconoce su fuerza en la unión y su felicidad en el más profundo respecto a la ley….. Sic.

La verbena celebrada en el Ideal Rosales, año 1919. Foto Salazar, Mundo Gráfico. BNE.

En este primer bando ya se hablaba de los disturbios de años anteriores, en que por lo visto había habido heridos muy graves. En los bandos de los siguientes años se va detallando cada vez más los problemas que se producían el día de San Juan, a saber: hacer ruidos con instrumentos (panderos, sonajas, bocinas, zambombas, gaitas, caracolas, silbatos,….) -pena, 20 ducados-; insultar o provocar -pena, 50 ducados o 30 días de cárcel-; desde la oración se debían de quitar todos los puestos de flores de la plaza de Santa Cruz -pena: 20 ducados-; y muy específicamente se mencionaba a los asturianos (mozos de cuerda, aguadores, apeadores de carbón,…) a los que se les prohibía utilizar los palos en sus danzas regionales en la Fuente de la Teja, en el río Manzanares, -pena:  69 ducados más las anteriores si incurrían en ellas-.

Como decíamos antes, en 1835 aparecen los primeros anuncios de la Verbena de San Juan en los jardines de fiestas, como Las Delicias, Apolo, Vista Alegre,…. En 1837 los anuncios de los jardines con verbena se multiplicaron enormemente.

Año 1921. Nuevo Mundo. BNE.

Gracias a algunos relatos nos podemos hacer una idea de cómo se celebraba en Madrid San Juan en la primera mitad del siglo XIX, y por ende hasta principios del siglo XX. El día 23 de junio por la tarde era tradición ir a la plaza de Santa Cruz a comprar flores, plantas, santos, bollos,… y era conocido por los madrileños como “El Mercado de Flores”.

Al ser la afluencia cada año mayor se pusieron también puestos en la Plaza Mayor y en la nueva Plaza del Progreso (Tirso de Molina). De hecho la Plaza Mayor fue cogiendo con el correr de los años cada vez más importancia, y al igual que en Navidades se vendían productos para esas fechas,  en la fiesta de San Juan se vendía sobre todo  tiestos con geranios de todos los colores que después adornaban los balcones y ventanas de las casas.

Año 1921. Nuevo Mundo. BNE.

Tras la última oración en la iglesia de Santa Cruz los puestos debían de ser recogidos para dar mayor espacio a todas las personas que acudían a estos lugares. Hacía las 11 de la noche la gente se trasladaba al Paseo del Prado. La llamaban ya entonces la verbena, había música, pero además en los barrios se hacían comparsas que acudían todas al Prado entrando por las calles que desembocaban en el paseo. Los puestos que estaban en el centro de la ciudad también se trasladaban rápidamente hasta allí. Al amanecer las comparsas volvían a sus barrios, llevando el jolgorio por toda la ciudad. Otros muchos se iban a tomar leche helada (leche merengada) a las botillerías y cafés de la Plaza Mayor, siendo el más concurrido “El Gallo” que era el más famoso y estaba en el Arco de Cuchilleros. También se tomaba “Aguardiente”. Por su parte los que habían dormido se levantaban temprano para ir al Prado y aprovechar para comprar a mejor precio los productos que todavía quedaban en los puestos.

En 1921 la prensa madrileña veía peligrar la continuidad de las verbenas. Nuevo Mundo. BNE.

Desde 1850 el Ayuntamiento puso un especial interés en quitar importancia a la fiesta de San Juan. Baste recordar los problemas que se ocasionaban en “La Fuente de la Buena Suerte“, la fuente de la Puerta del Sol. Desde que se instaló en 1860 los madrileños iban cada noche de San Juan a mojarse en ella. Desmontada en 1894, durante 1895 y 1896 algunos fueron a la Cibeles a seguir haciendo “el rito del agua”, y el Ayuntamiento publicó bandos muy severos para aquellos que se mojaran en la Cibeles, por lo que lo hacían en las fuentes del Paseo del Prado, donde estaba la verbena.

El consistorio no cejó en su empeño de hacer desaparecer la fiesta de San Juan. Así en 1919 se prohibió la instalación de la verbena en el Paseo del Prado y se llevó a Atocha, con la disculpa que había que cuidar uno de los paseos más bonitos de Madrid. Incluso en 1920 se amenazó con trasladar la verbena de San Juan al Paseo de la Florida y con sacar también del centro de Madrid las de San Cayetano, San Lorenzo y La Paloma…. por suerte estas amenazas nunca se llegaron a cumplir, aunque no deja de ser curioso que pasado los años las fiestas se quisieran sacar de Madrid, cuando años antes se intentaba que fueran dentro.

Fotograma de uno de los primeros documentales de la cinematografía española “Esencia de verbena”, de Francisco Elías. Año 1929.

En el año 1925 la verbena de San Juan se trasladó a Menéndez Pelayo, y en la práctica fue el fin de la celebración de la Noche de San Juan en Madrid. Aunque en 1930 se autorizó la instalación de la verbena de San Juan alrededor del Museo del Prado, lo que ocasionó muchas protestas por el peligro que suponía para la pinacoteca, el pueblo madrileño ya no fue de fiesta como antaño y fue el último año que se celebró la verbena de San Juan en el Prado.

Verbena de San Antonio de la Florida. Año 1925. Diario ABC.

Con el correr de los años, al anexionarse Madrid a los pueblos limítrofes hacia 1950, de nuevo San Juan se volvió a celebrar en los barrios de los antiguos pueblos, como en el caso del pueblo de Canillas cuyo antiguo patrón, San Juan Bautista, sigue celebrándose todavía en barrios como San Pascual o San Juan Bautista, siendo el elemento principal de la festividad las hogueras.

Considerada la primera superproducción española “La verbena de la Paloma”, de Benito Perojo, fue rodada en 1935 en la CEA, en la Ciudad Lineal. Tanto la zarzuela, como sus canciones y las diversas películas con el mismo título nos indican la importancia que las verbenas han tenido en nuestra cultura.
-.-.-

Autor: Ricardo Márquez
En este blog también colabora José Manuel Seseña.

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