El fuego griego, la misteriosa sustancia empleada por los bizantinos para frenar los ataques árabes.

Incluso hoy se desconoce la composición exacta de la fórmula original perdida en los saqueos a Constantinopla de 1204. Los bizantinos guardaron celosamente el secreto y se cree que la mezcla incluía nafta (una fracción del petróleo también conocida como bencina) y azufre

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Uso del fuego griego, según una ilustración de una crónica bizantina.

Constantinopla, la segunda Roma, sobrevivió toda la Edad Media a los ataques musulmanes como una isla cristiana a las puertas de Oriente y un agente de equilibrio entre ambos mundos. Las murallas de la ciudad, su poder militar, su capacidad de adaptarse a los tiempos sin renunciar a las tradiciones romanas…. muchos elementos explican la longevidad del Imperio bizantino, pero ninguna responde a la pregunta de cómo pudieron prevalecer ante asedios que llevaron a miles de naves a sus puertas. Un arma secreta, incluso hoy imposible de desentrañar, salvó al menos en dos ocasiones al último imperio romano de su destrucción.

El fuego griego recibió muchos nombres en la Antigüedad: «fuego romano» para los árabes, «fuego griego» para los cruzados que se dirigían a tierra santa y «fuego bizantino» para los otomanos. Entre los siglos VII y XIII, el Imperio bizantino empleó una sustancia inflamable en las batallas navales y en los asedios contra Constantinopla, que le daba una clara ventaja táctica y tecnológica contra enemigos con recursos y hombres muy superiores. Este fuego era capaz de arder sobre el agua y la única forma de apagarlo era asfixiándolo. Tratar de apagarlo con agua solo avivaba aún más la llama. Y si bien hoy en día se utilizarían espumas y polvo químico para extinguir el fuego, en la Antigüedad y la Edad Media la única posibilidad probablemente sería la de usar orina (por su alto contenido en sales inorgánicas y urea), esteras de esparto e si acaso vinagre.

El secreto mejor guardado de la historia militar

Los bizantinos usaban dos métodos para lanzar el líquido inflamable. Uno de ellos consistía en derramar a presión la sustancia a través de un inyector con un ajuste giratorio, después de que un brasero instalado en el barco calentara previamente la mezcla. Otro forma era llenando granadas de cerámica con el material y arrojándolas sobre los barcos enemigos, siempre buscando prender sus velas. Cuando el líquido rozaba el agua o alcanzaba cierta temperatura entraba en ignición e incendiaba las embarcaciones enemigas. Entonces se producían «truenos» y una aparatosa nube de humo. Además de los efectos destructivos, hay que tener en cuenta que la sustancia resultaba tóxica para quienes la respiraban.

El hecho de que incluso hoy resulte un misterio saber la composición exacta de esta sustancia convierte la fórmula en uno de los secretos mejores guardados de la historia del mundo. Los bizantinos guardaron celosamente el secreto y los fabricantes vivían aislados del mundo exterior, hasta el punto de que hoy en día solo cabe especular sobre los componentes y las proporciones, sin que existan muestras o documentos que estudiar. La mezcla incluía probablemente nafta (una fracción del petróleo también conocida como bencina), azufre y amoníaco, si bien se desconocen los porcentajes de cada sustancia. El nafta haría que el líquido no se mezclara con el agua, mientras que el azufre actuaría como combustible.

No obstante, otras investigaciones han propuesto dosis de cal viva, que al entrar en contacto con el agua eleva su temperatura hasta los 150 grados, o mezclas que contengan nitrato, salitre, resina o grasa.

«Granadas» de cerámica que se rellenaban del fuego griego
«Granadas» de cerámica que se rellenaban del fuego griego

Ya en el año 214 a. C., se considera que el inventor griego Arquímedes había usado una sustancia también inflamable para combatir al ejército romano en su intento de conquistar la ciudad griega de Siracusa. Pero nada demuestra que su fuego griego fuera el mismo que el bizantino… La invención de este segundo se le atribuye a un ingeniero militar llamado Callínico, procedente de la actual Siria, que llegó a Constantinopla en los días previos al primer gran asedio árabe de 674. Se cree, no obstante, que el propio Callínico se basó en los trabajos del alquimista, astrónomo e inventor griego Esteban de Alejandría, que se trasladó en 616 a Constantinopla.

Todas estas fechas flotan en torno al primer gran asedio árabe de Constantinopla, cuando la lucha entre el Imperio bizantino y el Califato Omeya devino en el asedio de la gran ciudad, bajo el mando de Constantino IV. En esta batalla, los omeyas fueron incapaces de abrir una brecha en las Murallas Teodosianas, que bloqueaban la ciudad a lo largo del Bósforo, y fueron derrotados a nivel marítimo gracias al invento de aquel sirio loco. La armada bizantina lo utilizó decisivamente para destrozar a la marina omeya en el mar de Mármara y en la posterior batalla de Silea, en las costas de Panfilia, en el año 678. El cronista Teófanes menciona en sus textos la sorpresa táctica que supuso el fuego para los árabes durante el largo asedio de cuatro años:

«Por entonces había huido a territorio romano un arquitecto de Heliópolis de Siria llamado Calínico, inventor del fuego marino, gracias al cual los navíos árabes se incendiaron y todas sus tripulaciones se quemaron. Así los romanos volvieron vencedores y descubrieron el fuego marino».

El arma se continuó utilizando hasta 1204, cuando se perdió la fórmula original durante los saqueos y destrucción que sufrió Constantinopla en la cuarta cruzad

Durante año las acometidas árabes perecieron ante la superioridad de la flota bizatina. En el 717, las fuerzas musulmanas aprovecharon un periodo de inestabilidad bizantina para iniciar un nuevo asedio. Después de casi un año de cerco, una escuadra árabe compuesta por 400 naves de refuerzo se sumó a las 300 naves que mantenían el asedio en Constantinopla. Una superioridad numérica que no amilanó a la flota bizantina, que, recuperando la sustancia de Calínico, contraatacó por sorpresa hacia las naves árabes. Esto puso en fuga a los árabes y muchas naves fueron destruidas por el «fuego griego», encaminando el asedio a su último desenlace.Pasada la sorpresa inicial de estos dos asedios, los árabes aprendieron a combatir este fuego, que en tierra resultaba poco útil y en el mar su empleo era limitado. Árabes, venecianos, písanos, normandos y demás rivales del Imperio bizantino aprendieron a contrarrestar los efectos del fuego griego y a neutralizar su valor táctico. El arma se continuó utilizando hasta 1204, cuando se perdió la fórmula original durante los saqueos y destrucción que sufrió Constantinopla en la cuarta cruzada. Sin la mezcla primitiva, los ingenieros bizantinos buscaron alternativas en otras sustancias inflamables usadas en la Antigüedad, aunque su poder de destrucción nunca alcanzó la densidad del fuego griego original. Estas mezclas alternativas fueron la que probablemente usaron para defenderse del Imperio otomano en 1453, año en el que cayó definitivamente la ciudad.

 

Comentario:

eltirantloblanch_624  ·  Hace 8 días

Pocos apuntes de lectura dispongo sobre el interesante Fuego Griego, uno de ellos, corresponde a 1043 en Kiev, el varego o vardulruso Yaroslav envió a su hijo Vladimir a conquistar Constantinopla; el fuego griego prendió en sus avanzadas naves, obligándole a regresar derrotado.

Tal producto incendiario, sería semejante a la pólvora; polvo-voraz, que mezclado o envuelto con papiros recubiertos de dulce miel o melaza de azúcar y fina capa de cera, con ayuda de un brasero, carbón, fuelle de fragua y un cañoncitore sultaba muy eficaz. Posteriormente, suprimiendo la capa de cera, e introduciéndola en granadas o manzanas de barro cocido, con un cordel o mecha embreada, encendidas, a brazo o con hondas las lanzarían contra las naves enemigas; que, con calderas de cobre, o sartenes de hierro (para-ellas), serían repelidas estallando bajo la superficie del mar.

Si tal Fuego Griego dejó de usarse en 1204 con la intervención de la IV Cruzada; los hechos fueron: En 1195 el emperador Isahac II, pro romano occidental, es derrocado por su hermano Alejo III. En 1202 Conrado arzobispo de Maguncia, acompañado de Balduino I de Flandes mueven hacia Constantinopla. En ésta ciudad, Enrique Dandalo, veneciano, el 5 de julio de 1203 se apodera de La Galata; con el arzobispo Conrado y Balduino de Flandes derrocan al emperador Alejo III Comneno, restableciendo a su hermano Isahac II, pro romano occidental.

Partidarios de Alejo III matan a Isahac II, rompiendo el imperio de Roma oriental, con la complacencia del arzobispo de Maguncia, aunque trataron de apuntalar a Alejo IV hijo de Isahac II; proclamaron a Balduino rey-emperador de Constantinopla, denominándole Imperio Latino; con la República de Venecia la gran beneficiada.

Del Fuego Griego, se sabe gracias al vicentino Juan Skylitzes, que, en Sicilia en el siglo XI escribió el Código Matritensis, conservado en la Biblioteca Nacional de España, Madrid, Cod. Vitr. 26-2, en el que, dibujó y pintó la representación del Fuego Griego, que muestra éste comunicado.

Tal vez, refugiado en ésta bella isla normanda.  Mar y campo de operaciones en el siglo XIII, del gran almirante Alfonso-Roger de Laura, hermano del emperador Pedro III de Aragón, I de Valencia, que, con conocimientos de “fuego griego” todas las naves que surcaban la Mar Mediterránea, habían de llevar patente del Seño rRey de Aragón; enseñanza transmitida a lo largo de los siglos, actualmente Valencia en marzo, es la ciudad mas ruidosa de todo el mundo, con la quema de polvo-voraz en artificios, “mascletaes” terrestres y castillos nocturnos en el aire.

Johàn-Anthòni

 

Fuente: http://www.abc.es/historia/abci-fuego-griego-misteriosa-sustancia-empleada-bizantinos-para-frenar-ataques-arabes-201706090040_noticia.html

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