La conjura silenciada contra España.

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Hace apenas unos días la BBC, ese ejemplo de buen hacer para el periodismo mundial, ofreció al mundo un original reportaje sobre las costumbres y horarios españoles. Un momento… ¿un medio anglosajón abordando las costumbres y horarios españoles? Sí, sí, no me lo invento, de hecho puede leerse aquí: «The real reason why Spaniards eat late». Así que servidor se lanzó a su lectura esperando que de un momento a otro saltase la palabra clave como el indio tras un matorral, ¿aparecería en la primera línea?, ¿en la entradilla?, ¿o tal vez la autora se permitiría alguna divagación y amagar con que iba a ofrecernos otra cosa? Tarde o temprano iba a salir, eso seguro… bastaron unas cuantas líneas y ahí estaba, flamante: «one of the country’s most infamous traditions: the siesta». ¡Bingo!

Preverlo tampoco tuvo demasiado mérito, he de admitir. Al fin y al cabo ese mismo medio ya había publicado meses antes otro reportaje titulado «The end of the Spanish siesta?». Unas fechas por las que The Guardian dedicaba este otro a dicho hábito. Al igual que poco tiempo después Independent aquí y The Times acá, mientras que por su parte el londinense Evening Standard advertía con dramatismo de que la siesta iba a ser abolida por Rajoy y eso supondría «el final de una era». Aunque el Daily Mail se adelantara a todos ellos hace ya cinco años diciendo algo similar. Pero no fue una proeza en solitario de este prestigioso rotativo, no se vayan a creer, pues The Telegraph ya informaba por entonces con cierto tono burlón de que científicos españoles demostraron que la siesta era buena (¿qué otra cosa podría descubrir un científico español, verdad?). Un medio que apenas un año después nos regaló esta noticia primorosamente titulada y aún mejor ilustrada, con un señor que el redactor debió considerar representativo de nuestro país y tampoco vamos a contrariarle. Pero tampoco fue este periódico el primero, no, pues ya en 2005 el Financial Times anunciaba solemnemente que el Gobierno de Zapatero había eliminado oficialmente la siesta (se ve que sin mucho éxito).

Cabe concluir que da igual el año en que uno lea la prensa británica, indefectiblemente va a contener noticias retratándonos a los españoles mientras sesteamos durante todo el santo día. Por las imágenes que las acompañan, además, uno diría que en este, a sus ojos, tan exótico país mediterráneo, la gente cae fulminada por el sueño allá donde le pille y en la postura más despatarrada imaginable, como abatidos con dardos sedantes por francotiradores agazapados en las azoteas de nuestras ciudades. Parece terrible… y debemos advertir que no es del todo exacto. De hecho a más de uno tal vez le resulte un tanto molesto este cliché pero no hay por qué ser susceptibles, podría ser peor. Podrían asociar a España una y otra vez con, qué sé yo, la Inquisición.

Es curioso porque esta nefasta institución surgió en Francia en el siglo XII, a finales del siglo XV en Alemania los monjes inquisidores Kramer y Sprenger publicaron su célebre manual Martillo de las Brujas, que establecería el método a aplicar y desde entonces se estima que fueron ajusticiadas por toda Europa unas ciento cincuenta mil personas bajo la acusación de brujería. Mientras tanto, en España, el número de víctimas del Tribunal del Santo Oficio durante los más de tres siglos que estuvo vigente osciló entre las tres mil y las cinco mil. Sin embargo la expresión que ha cuajado en el imaginario colectivo con el paso del tiempo es «Inquisición española». Por poner algunos ejemplos, a ella le dedicaron un conocido sketch el grupo británico Monty Python, así como también protagonizó este otro en La loca historia del mundo de Mel Brooks y el también británico Ridley Scott iniciaba su película 1492 con estas palabras: «Hace quinientos años España era una nación dominada por la superstición, regida por la corona y por una implacable inquisición que perseguía a los hombres por atreverse a soñar». Curiosamente, veintisiete años antes de su estreno el historiador Henry Kamen en La Inquisición española: una revisión histórica, había escrito lo que parecería una respuesta de no haber sido anterior: «La imagen de una nación hundida en la inercia y la superstición por culpa de la Inquisición era parte de la mitología creada». En conclusión, los españoles tenemos muy mal despertar y en cuanto nos desperezamos de la siesta nos falta tiempo para llevar a alguien a la hoguera. O al menos eso es lo que afirman los súbditos de su majestad la reina Isabel.

Pues bien, a abordar los orígenes, alcance e intereses en torno a la leyenda negra española dedica Alberto Gil Ibáñez el libro La conjura silenciada contra España. Naturalmente es poco probable que el público británico esté dispuesto a replantearse cualquiera de sus ideas preconcebidas… pero no es a ellos a quien se dirige esta obra, el enfoque queda claro en su subtítulo: «La manipulación franco-anglosajona de nuestra historia y sus quintacolumnistas ingenuos». La formación desde comienzos del siglo XVI del que llegó a ser el imperio más extenso y duradero de la historia hizo prioritario para el resto de Europa combatirlo por todos los medios, también en el terreno de la opinión pública. La clave del asunto es que una vez que el poder imperial español se fue diluyendo quedó cristalizada la propaganda en su contra, de manera que quienes no fueron del todo conscientes del primero pero sí entraron en contacto con el discurso antagonista, dada su virulencia creyeron que debía responder a una realidad particularmente terrible, lo de «si el río suena…». Son aquellos a los que Ibáñez denomina quintacolumnistas ingenuos.

Fueron demasiados los intelectuales españoles que se sumaron desde hace siglos a una corriente de autodesprecio nacional, convencidos de que los males de España no tenían parangón en el mundo. Un excepcionalismo que, paradójicamente, resulta tan pretencioso como el chovinismo de quien cree habitar en la misma arcadia. Por desgracia crearon huella, de manera que por asociación cualquiera que diga algo negativo sobre España se ve a sí mismo poco menos que como un intelectual. Es un vicio común en el que todos caemos en un momento u otro, basta echar un vistazo hoy en día a las redes sociales, al fin y al cabo los caminos trillados son los más fáciles de recorrer… y no podemos negar tampoco que se siente cierto placer íntimo al fustigar al resto de compatriotas desde una imaginaria posición de superioridad. Lo malo es que la crítica constante y despiadada, lejos de incitar a la mejora termina provocando desafección, es el combustible de los movimientos secesionistas con los que nos aburren un día tras otro. Y es, en gran medida, una narrativa falsa. Hay episodios oscuros en nuestro pasado, sí, ¿pero qué país no los ha tenido? En muchos parámetros actualmente España está bien situada y en lo que respecta al patrimonio cultural, histórico y artístico con el que contamos, simple y llanamente, no tiene quien le haga sombra en el mundo. Pero claro, para apreciarlo primero hay que conocerlo. En esa tarea nos ayuda Ibáñez recorriendo la historia del país desde sus orígenes, situando cada episodio en su contexto y dando respuesta a cada fleco de la leyenda negra española. Su libro proporciona un arsenal de datos y argumentos con el que pretende no abrumar al lector sino convencerlo, animándolo a cuestionar los clichés que daba por asumidos. En conclusión, una lectura ágil y fluida de la que uno sale conociendo un poco mejor la historia de España, lo que no es poca cosa. La prensa británica seguirá retratándonos en un estado de perpetua somnolencia, eso no tiene arreglo, pero sí está a nuestro alcance tener los ojos un poco más abiertos frente a esa clase de narrativas.

http://www.jotdown.es/2017/05/la-conjura-silenciada-espana/

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