Algunas pinceladas históricas sobre la Masonería.

Hay dos versiones distintas sobre la masonería. Una los presenta como una organización cuyo objetivo es detentar el poder y gobernar nuestro mundo para el beneficio de las élites. La otra versión es la que presenta a la masonería como una organización que pretende ayudar al crecimiento en el conocimiento por parte de sus miembros, así como para ayudar al crecimiento de Imagen 28la Humanidad. Tal vez ambas versiones tienen su parte de verdad. En 1979 la Real Academia Española de la Lengua definió la masonería como una «asociación secreta de personas que profesan principios de fraternidad mutua, usan emblemas y signos especiales y se agrupan en entidades llamadas logias». Pero, la masonería ¿es una organización secreta? y ¿cuál es su verdadero impacto en la historia? Se habla poco de la masonería medieval operativa y constructora de catedrales, mientras que se habla mucho sobre la nueva masonería especulativa o filosófica nacida en 1717. Se habla de la vinculación masónica de los principales actores en la independencia de la América española, en especial la de Simón Bolívar, o en la independencia de Estados Unidos. También se habla de la penetración de la masonería en la curia romana e incluso en algunos Papas. La masonería cuenta actualmente en todo el mundo con más de cinco millones de miembros. A ella han pertenecido y pertenecen grandes figuras del campo de la política, de la milicia o de la ciencia. Pero sigue siendo algo desconocido y misterioso. Frente a quienes consideran la masonería una asociación iniciática, filantrópica y cultural, hay quienes la consideran como un tipo de materialización de los poderes de las tinieblas, algo demoníaco e infernal. Joseph Ernest Renan (1823 – 1892), escritor, filólogo, filósofo e historiador francés, en Oración en la Acrópolis, nos dice: “¡Oh nobleza, oh belleza simple y verdadera cuyo culto significa razón y sabiduría, tú, cuyo templo es una lección eterna de conciencia y de sinceridad!”. La masonería operativa viene de tiempos más remotos, desde los constructores de las pirámides a los constructores de las catedrales, pasando por los collegia grecorromanos y las cofradías medievales. La masonería operativa ha estado siempre dirigida por misteriosos filósofos, que tienen la tarea de transmitir lo esencial de una técnica iniciática muy precisa. Según René Guénon, en su obra El reino de la cantidad y los signos de los tiempos: “La contrainiciación se afana por introducir sus agentes en organizaciones pseudoiniciáticas, a las que éstos inspiran sin que lo adviertan sus miembros ordinarios“. Hay muchas opiniones diversas sobre el origen de la masonería. Desde las que hacen fundadores de la misma a Adán, Noé, Enoc, Moisés, Alejandro Magno, Zoroastro, Confucio, etc., hasta los que atribuyen dicha paternidad a los templarios, los jesuitas, los rosacruces, los judíos, los magos, los albigenses, los esenios, o los terapeutas.

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Los constructores primitivos constituyen la base de la cual, en algún momento, surgieron interpretaciones éticas a partir de los utensilios de la construcción, el desarrollo de conocimientos científico-tecnológicos considerados reservados para la generalidad, una organización gradual con propósitos formativos, y todos los demás elementos que devinieron en lo que, con el tiempo, llegó a denominarse francmasonería. Elementos encontrados en las ruinas de Pompeya resultan coincidentes con la simbología masónica. Asimismo, leyendas de la masonería mencionan la existencia de gremios de constructores durante la Antigua Roma, en la construcción del templo de Salomón en Jerusalén y en el Antiguo Egipto. Por otra parte, elementos doctrinarios que se encuentran en la masonería tienen una gran correspondencia con los de las culturas griega y judía antiguas. Sin embargo, es difícil afirmar categóricamente que en todos estos países y éstas épocas existió ya la francmasonería. Pero tampoco podemos desconocer que las pistas y elementos que se acumulan podrían dar cuenta de la gestación de una pre masonería operativa, es decir de agrupaciones de constructores que, fruto de un proceso gradual de evolución y desarrollo, puedan haber constituido los antecesores de aquellos gremios de constructores medievales conocidos con el nombre de masonería operativa. De lo que ya no hay duda es de que las catedrales góticas construidas en Europa durante la Edad Media fueron obra de masones agrupados gremialmente en logias, en lo que se ha denominado como Masonería Operativa. Estos masones utilizaban los instrumentos de construcción para el uso normal a que estaban destinados, pero les daban una interpretación simbólica de carácter esotérica, moral, ética y espiritual. Estos gremios operativos tenían una organización gradual, y manejaban conocimientos científicos y tecnológicos avanzados, que guardaban en el mayor secreto. Tenían medios de reconocimiento igualmente secretos, practicaban la fraternidad y mantenían reuniones reservadas en las logias, en las que ejercían la libertad de pensamiento y expresión. No todos los gremios de masones operativos eran iguales, ya que el país en que vivían influía fuertemente en sus características particulares y diferenciadoras. Esto hizo que, desde la propia Edad Media, se fuese gestando un desarrollo diferente de lo que posteriormente serían los distintos ritos y costumbres masónicas de la llamada masonería especulativa.

 

Con la evolución de la sociedad, algunas logias y gremios de la masonería operativa dejaron poco a poco de ejecutar obras materiales, pero subsistieron como organizaciones fraternales, mientras otros continuaron como organizaciones de trabajadores, conservando sus usos y costumbres tradicionales, entre los que destacan sus reuniones rituales que permitían la libre especulación y la interpretación ética o moral de los utensilios de la construcción. Estas logias de masonería operativa, más que incorporar miembros aceptados, subsistieron gracias a la transmisión del oficio, generalmente de padres a hijos, o capacitando aprendices. En 1716, Sir Christopher Wren, arquitecto de la catedral de San Pablo, en Londres, era el Gran Maestro de la “Muy Antigua y Honorable Fraternidad de Masones Libres y Aceptados”; y, en 1717, la inmemorial Logia de York se constituyó en Gran Logia de toda Inglaterra. En la misma Inglaterra, hasta mediados del siglo XX se tienen datos de la existencia de la “Venerable Sociedad de Francmasones, Albañiles de Obra Maestra, Edificadores de Muros, Pizarreros, Pavimentadores, Yeseros y Ladrilleros”, conocidos comúnmente como The Operatives. Por su parte, en la actualidad, en Francia, tiene plena vigencia la “Union Compagnonnique des Compagnons du Tour de France des Devoirs Unis”. Se ha denominado masonería especulativa a la que ya no tiene como objetivo la construcción de templos materiales, sino más bien templos ideales o espirituales, es decir, el perfeccionamiento individual y de la humanidad; para lo cual ya no son necesarios como miembros, exclusivamente obreros especializados en el arte de la construcción, sino que puede serlo cualquier persona en capacidad de utilizar su intelecto y esfuerzo para tales propósitos. El proceso de transformación de masonería operativa en masonería especulativa, y su correspondiente desarrollo, se produce de al menos tres formas o líneas de filiación diferentes y en países y épocas distintas. A partir de 1314, y luego de disuelta la Orden del Temple, se produce en Escocia el ingreso de templarios en los gremios masónicos, como medio de protección frente a persecuciones. Esto hace que la masonería operativa escocesa asuma características especiales, influenciada por las concepciones caballerescas templarias, y paulatinamente, a lo largo de siglos, vaya dejando su carácter operativo y asumiendo cada vez más un carácter especulativo. Hasta que, en 1737, William Sinclair de Rosslyn, descendiente de caballeros templarios, renunció al privilegio tradicional hereditario de su familia de dirigir la masonería escocesa, para que se produjera la elección del primer Gran Maestro de la nueva Gran Logia de Escocia, de carácter enteramente especulativo, dignidad que recayó en el propio Sinclair. Pero durante el último siglo anterior a la creación de la Gran Logia de Escocia, y concretamente durante el exilio en Francia de Carlos II de Inglaterra Estuardo, de 1649 a 1660, se gestó la que posteriormente sería conocida como “masonería jacobita”, originada en la masonería operativo-especulativa escocesa de influencia templaria, la cual actuaba como un partido político en apoyo de la Casa de los Estuardos y de su pretensión de restauración en los tronos de Inglaterra y Escocia.

 

A partir de 1688 es llamada masonería jacobita, caracterizándose por ser eminentemente aristocrática y mayoritariamente católica. Pervivió debidamente estructurada hasta 1746 y apoyó la oposición a la Gran Logia de Londres en 1752. Además, dio origen a los altos grados escoceses y caballerescos, desde el discurso de Ramsay en 1736. Andrew Michael Ramsay nació en 1686 en Ayr, Escocia, y murió en Saint-Germain-en-Laye, Francia, en 1743. Fue preceptor de grandes familias, como los Wemyss, Sassenage, Estuardo, Château-Thierry y Bouillon. Nombrado en 1723 Caballero de San Lázaro por el duque de Orleáns, regente de Francia y Gran Maestre de esa Orden. Escritor, es autor, entre otras obras, de The Philosophical principles of natural and revealed religion unfolded in geometrical order, en 1748. Gran Orador de la Orden en Francia, su Discurso es un testimonio sobre el pensamiento esotérico presente en los “altos grados” del “Escocismo“, o Rito Escocés Antiguo y Aceptado, discurso al que se ha llegado a atribuir el origen de éstos, y no sólo el ser expresión de una corriente ya existente. El primero fue pronunciado en la logia parisina Saint Thomas nº 1, la primera logia fundada en Francia, en 1725, por nobles ingleses, dos de los cuales serían, después del duque de Wharton, los primeros Grandes Maestres de la Masonería en dicho país. El segundo se produjo ante una asamblea general de la Orden francesa. De acuerdo al Diccionario de D. Ligou, “es sobre todo el Discurso de Ramsay el que hace de él una de las columnas de la Masonería francesa“. A partir de una serie de altos grados surgidos por influencia de la masonería jacobita, se van configurando los ritos llamados escoceses y, principalmente por la vía del Capítulo de Clermont de 1754 y de otros, se conforma el moderno Rito Escocés Antiguo y Aceptado, manteniendo, aunque sea en forma opacada, la tradición y doctrina de la masonería escocesa. Su posición actual es deísta, con preocupación por asuntos esotéricos y filosóficos. El deísmo es la postura filosófica que acepta el conocimiento de la existencia y la naturaleza de Dios a través de la razón y la experiencia personal, en lugar de hacerlo a través de los elementos comunes de las religiones teístas, como la revelación directa, la fe o la tradición. Dios es un creador u organizador del universo, es la primera causa. Dentro de esta línea de filiación surgen también otros ritos. Los conocimientos e interpretaciones sobre la historia y tradiciones de este tipo de masonería han sufrido cambios a lo largo del tiempo. Se sostenía su origen templario, luego se negó y en los últimos años, sobre todo a raíz de las investigaciones en torno a la Capilla de Rosslyn, han aparecido más datos que dan cuenta de la relación templario-escocesa. Otro tema de discusión es la importancia que se da a la filiación orgánica o la filiación doctrinal para determinar las vinculaciones entre distintos grados, ritos y agrupaciones. Por consiguiente, subsisten distintas opiniones sobre estos y otros asuntos relativos a la masonería escocesa.

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En 1823 la Gran Logia Unida de Inglaterra constituye la Emulation Lodge of Improvement, que unifica los rituales transmitidos oralmente y se imprime el Ritual de Emulación. Por este motivo, el rito practicado por la Gran Logia Unida de Inglaterra y otras obediencias y logias que lo siguen, se denomina Rito de Emulación, aunque también suele denominarse, principalmente en Estados Unidos, Rito de York. En 1929 la Gran Logia Unida de Inglaterra emite unos principios en los que establece que sólo dará reconocimiento masónico y mantendrá relaciones formales con grandes logias que cumplan con ellos. Estos principios incluyen la no aceptación de mujeres, la prohibición de mantener discusiones de carácter religioso o político partidista y el reconocimiento del Ser Supremo. La Ley Sagrada, la Escuadra y el Compás deberán estar siempre presentes cuando la Gran Logia o sus logias subordinadas estén trabajando. Entre 1726 y 1728 la masonería inglesa se establece en Francia. En 1732 se funda la primera Logia francesa en París, recibiendo patente de la Gran Logia de Londres. Muy rápidamente se crean otras Logias francesas y en 1738 se constituye la primera Gran Logia de Francia. En 1773 la primera Gran Logia se reestructura como una federación de ritos, pasando a denominarse el Gran Oriente de Francia. En vísperas de la Revolución francesa, aglutina a varias decenas de millares de Francmasones. En 1877 el Gran Oriente de Francia decide retirar de su Constitución las menciones de carácter religioso, considerando que corresponden al fuero interno de sus miembros, lo que tuvo como resultado la aceptación tanto de creyentes como de ateos entre sus miembros. Esto generó que las grandes logias del mundo, surgidas a partir de la creación de la Gran Logia de Londres, se dividan entre las que siguen la línea de la Gran Logia Unida de Inglaterra, y las que adoptaron la línea del Gran Oriente de Francia. La masonería laica que practica el Gran Oriente de Francia y otras obediencias y logias, se caracteriza por su defensa de la libertad de conciencia, su preocupación por asuntos sociales y el debate libre en las Logias sobre cuestiones filosóficas, espirituales o políticas, siempre desde una perspectiva no partidista. En 1894 se crea la Gran Logia de Francia, a partir del Supremo Consejo de Francia del Rito Escocés Antiguo y Aceptado existente desde 1804. Esta Gran Logia, considera elementos fundamentales de la masonería la invocación del “Gran Arquitecto del Universo” y la presencia de la Biblia. Los masones de una y otra jurisdicción mantienen relaciones fraternales, el Gran Oriente de Francia y la Gran Logia de Francia, las dos Obediencias con más miembros en este país, forman parte conjuntamente del espacio denominado “Masonería Francesa” constituido para la cooperación y el trabajo conjunto de las Obediencias masónicas y que pretende anteponer el criterio de fraternidad mutua al de los diferentes puntos de vista que las separan.

 

En 1913 se funda la Gran Logia Nacional de Francia a partir de miembros del Gran Oriente de Francia deseosos de volver a una masonería en la que el Gran Arquitecto del Universo es Dios. Esta Obediencia es reconocida por la Gran Logia Unida de Inglaterra y por la generalidad de las Logias reconocidas por ésta. La Gran Logia Nacional de Francia no forma parte del espacio “Masonería Francesa“. En 1961 el Gran Oriente de Francia y otras obediencias masónicas, emitieron el Llamamiento de Estrasburgo para que los masones “se integren en la Cadena de Unión basada en una total libertad de conciencia y en una perfecta tolerancia mutua”, para lo cual constituyeron CLIPSAS (Centro de Enlace y de Información de las Potencias masónicas firmantes del Llamamiento de Estrasburgo). En 1962 definieron lo que debe considerarse como logia masónica, según su concepción, reafirmando la libertad de conciencia y la admisión de mujeres. Un tema relacionado con la masonería es la leyenda de Hiram. Charles Marie René Leconte de Lisle (1818 – 1894) es un poeta francés, principal exponente del parnasianismo, movimiento literario francés de la segunda mitad del siglo XIX, creado como reacción contra el romanticismo de Víctor Hugo, el subjetivismo y el socialismo artístico. En su obra Poésies barbaresCaín, nos dice: “Con los flancos y los pies desnudos, mi madre Eva se hunde en la áspera soledad donde se yergue el hambre. Moribunda, desgreñada, sucumbe por fin y, con un grito de horro, pare sobre las zarzas. ¡Tu víctima, Yaveh, el que fue Caín!”. Esta leyenda de Hiram constituye el alma de la francmasonería desde el siglo XVIII. Todo grupo humano unido por una mística particular posee una leyenda. La caballería medieval tuvo la Canción de Roland o la Búsqueda del Santo Grial, los cruzados, o la reconquista de Jerusalén, como referentes. Tampoco las diversas religiones escapan a esta regla: el hinduismo, con el bosque sin caminos, el judaísmo, con sus libros sapienciales, o el cristianismo, con los numerosos libros apócrifos. La francmasonería tiene la leyenda de Hiram, que no apareció hasta el siglo XVIII. Salomón, tercer y último monarca del reino unido de Israel e hijo de David, recibe de Dios la misión de construir un templo siguiendo las instrucciones del profeta Natán, al que el Señor había dado en sueños las indicaciones necesarias. Natán (alrededor del 1000 a.C.) fue un profeta hebreo que, según el texto bíblico, vivió durante el reinado de David. Posiblemente perteneció a la tribu de Leví. Cuando el rey le reveló a Natán su deseo de edificar un templo para la adoración de Dios, el profeta contestó: “Todo lo que esté en tu corazón anda y hazlo”. Sin embargo, aquella noche Dios informó a Natán que en vez de ser David quien le construyera un templo, le edificaría a David un reino estable hasta tiempo indefinido, y que más tarde sería el descendiente de David, Salomón, quien edificaría la casa de Dios. De modo que por medio de Natán, Dios le anunció a David un pacto para un reino “hasta tiempo indefinido” que no se apartaría de su línea.

 

Más tarde, Dios envió a Natán para que señalara a David la gravedad del pecado que había cometido contra Urías el hitita con respecto a Batsabé y la pena divina que se le imponía por ello. Urías el hitita es presentado como el marido de Betsabé. Fue un soldado del ejército del rey David, uno de los llamados “valientes de David“. Tras negarse Urías a visitar a su propia esposa, contrariando así los designios de David, que buscaba disimular su adulterio con Betsabé, el rey lo mandó a la muerte, ordenando a los soldados que se apartaran de él en la batalla para exponerlo al enemigo. Urías pasó a la posteridad como un arquetipo de la víctima a causa de un adulterio, a quien su propia rectitud condenó a ser víctima de un crimen mayor. Urías pertenecía a la minoría étnica hitita residente en Israel que había estado en la región, antes conocida como “la tierra de Canaán”, desde el derrumbe del reino hitita en siglos anteriores, antes del establecimiento de la nación de Israel. A pesar de la orden divina de exterminar a los habitantes nativos, algunos lograron evitarlo, y los que se convirtieron a la religión de Israel fueron aceptados como israelitas. Tal fue probablemente el caso de Urías, debido a su nombre, que en hebreo significa “mi luz es Yahvé”, y a su posición como oficial en el ejército personal del rey. Según el Segundo Libro de Samuel, de la Biblia, el rey David vio desde la azotea del palacio a una hermosa mujer bañándose. Mandó David para informarse sobre la mujer y le dijeron que se trataba de Betsabé, hija de Eriám y mujer de Urías el hitita. David envió gente que se la trajese a sus habitaciones y tuvo relaciones con ella, a raíz de las cuales ella quedó encinta. Informado David de la situación, pidió a Joab, capitán de David desde la batalla contra Isbaal, hijo de Saúl, que mandase llamar a Urías. Urías participaba entonces de la segunda campaña contra los amonitas. David sugirió a Urías que bajara a su casa, implicando que atendiera a su esposa, pero Urías no lo hizo. Cuando posteriormente David preguntó a Urías sus razones, Urías hizo referencia a un código de honor. Él no entraría a su casa para comer, beber y acostarse con su mujer mientras el arca de la Alianza, Israel y Judá habitaran en tiendas, y mientras Joab y sus guerreros compañeros acamparan en el suelo. En efecto, era común que, en la preparación para pelear, los guerreros se abstuvieran de tener relaciones sexuales, como práctica de la disciplina. Después de que se reiterara la negativa de Urías a ver a su esposa Betsabé, David mandó a Joab a que pusiera a Urías en el frente de la batalla y que ordenara a los soldados que se apartaran de él de modo que el enemigo lo matara fácilmente.

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Muerto Urías, fue avisado David y Betsabé hizo duelo por él. Pasado el luto, David envió por Betsabé y la recibió en su casa. El Segundo Libro de Samuel especifica que ella dio a luz un hijo, pero la acción de David desagradó a Yahvé. Poco después, el profeta Natán, enviado por Yahvé, reprendió a David por el asesinato planeado de Urías, contándole primero la presunta historia de un hombre rico y otro pobre. El rico tenía muchas ovejas mientras que el pobre sólo tenía una, a la que quería mucho. Un viajero visitó al rico pidiéndole de comer. El rico tomó la oveja del pobre y se la preparó para ofrecérsela al viajero. Al oír esta historia, David se enojó y contestó: “¡Tan cierto como que Yahvé vive, que quien hizo esto merece la muerte! ,¿Cómo pudo hacer algo tan ruin? ¡Ahora pagará cuatro veces el valor de la oveja por haber hecho semejante cosa y por no haber tenido compasión!”.  Natán le respondió: “¡Tú eres ese hombre! Así dice Yahvé, Dios de Israel: Yo te ungí como rey sobre Israel, y te libré del poder de Saúl. Te di el palacio de tu amo, y puse sus mujeres en tus brazos. También te permití gobernar a Israel y a Judá. Y por si esto hubiera sido poco, te habría dado mucho más. ¿Por qué, entonces, despreciaste la palabra de Yahvé haciendo lo que le desagrada? ¡Asesinaste a Urías el hitita para apoderarte de su esposa! ¡Lo mataste con la espada de los amonitas! Por eso la espada jamás se apartará de tu familia, pues me despreciaste al tomar la esposa de Urías el hitita para hacerla tu mujer”. David se arrepintió profundamente de su pecado. Aun así, Natán profetizó que su hijo, ya nacido de la relación con Betsabé, moriría, lo que sucedió siete días después, no obstante el ayuno guardado por David. David y Betsabé engendraron más tarde a Salomón, quien sucedería a David en el trono. Pero, tal cual había anunciado el profeta Natán, la espada jamás se apartaría de la casa de David. Absalón, hijo de David, asesinaría a su propio hermano y se convertiría en personaje central del gran drama de la familia davídica, resultando en una serie de crisis políticas que llegarían a comprometer el futuro del reino. Tal como hemos dicho, Betsabé le dio a David un segundo hijo, llamado Salomón. Dios amó a ese hijo, por lo que envió a su profeta Natán, quien “por causa de Dios” llamó al niño Jedidías, que significa “Amado de Jah”. Cuando Adonías intentó apoderarse del trono, al final de la vida de David, Natán tomó las medidas necesarias para que este lo supiera. Luego tomó parte en ungir y entronizar a Salomón. Al parecer Natán y Gad aconsejaron a David sobre el uso de los instrumentos musicales que se empleaban en el santuario, y debieron ser quienes registraron la información de los capítulos de conclusión del Primer Libro de Samuel y todo el Segundo Libro de Samuel. Entre las palabras de Natán el profeta también se incluyeron “los asuntos de Salomón”. Posiblemente Natán haya sido el padre de Azarías y Zabud, quienes ocuparon responsabilidades importantes durante el reinado de Salomón. Azarías fue un príncipe que supervisaba el trabajo de los diputados, mientras que Zabud, amigo y consejero del rey, era sacerdote.

 

Hiram, rey de Tiro, le aporta su ayuda en materiales y, sobre todo, en obreros. Le envía, por ejemplo, a Hiram el Fundidor, Hiram Abif, que es una figura alegórica del ritual masónico que delinea al maestro constructor del Templo de Salomón, construido alrededor del año 988 a. C. Un día, Hiram Abif último se dispone a efectuar el vaciado de la fundición de bronce para el Templo en presencia de Salomón y de Balkis, reina de Saba, a la que Salomón quiere seducir, a fin de casarse con ella. El pueblo de Israel asistirá al vaciado. Benoni, ayudante y fiel discípulo del maestro de obras, ha sorprendido a la caída de la noche a tres obreros, Fanor el sirio, albañil, Anru el fenicio, carpintero, y Metusael el judío, minero, saboteando el molde del futuro bronce. Benoni advierte a Salomón de la traición de los tres cómplices. Pero el rey, celoso de la admiración que Balkis siente ya por Hiram Abif, deja que prosigan los preparativos. Al ponerse el sol, Hiram da la orden de proceder al vaciado. Y el gigantesco molde en que debe fundirse el bronce, y que ha sido manipulado, se agrieta. El metal en fusión surge bruscamente y salpica a la horrorizada multitud. Benoni, desesperado por no haber advertido personalmente a Hiram, se arroja entre la ardiente lava. Poco después, solo, abandonado de todos, Hiram Abif sueña ante su obra destruida. De pronto, de la fundición que brilla enrojecida en las tinieblas de la noche se alza una sombra luminosa. El fantasma avanza hacia Hiram, que lo contempla con estupor. Su busto gigantesco está revestido por una dalmática sin mangas; aros de hierro adornan sus brazos desnudos; su cabeza bronceada, enmarcada por una barba cuadrada, trenzada y rizada en varias filas, va cubierta de una mitra de corladura (plata dorada). Sostiene en la mano un martillo de herrero. Sus ojos, grandes y brillantes, se posan con dulzura en Hiram y, con una voz que parece arrancada a las entrañas del bronce, le dice: “Reanima tu alma, levántate, hijo mío. Ven, sígueme. He visto los males que abruman a mi raza y me he compadecido de ella“. Hiram pregunta: “Espíritu, ¿quién eres?” El espíritu le dice: “La sombra de todos tus padres, el antepasado de aquellos que trabajan y que sufren. ¡Ven! Cuando mi mano se deslice sobre tu frente, respirarás en la llama. No temas nada. Nunca te has mostrado débil“. Hiram vuelve a preguntar: “¿Dónde estoy? ¿Cuál es tu nombre? ¿Adónde me llevas?“. Y la respuesta del espíritu es: “Al centro de la Tierra, en el alma del mundo habitado. Allí se alza el palacio subterráneo de Enoc, nuestro padre, al que Egipto llama Hermes y que Arabia honra con el nombre de Edris“. “¡Potencias inmortales! –exclama Hiram-. ¿Entonces es verdad? ¿Tú eres …?“. El espíritu le dice: “Tu antepasado, hombre, artista …, tu amo y tu patrono. Yo fui Tubal Caín“. Llevándole como en un sueño a las profundidades de la Tierra, Tubal Caín instruye a Hiram en lo esencial de la tradición de los cainitas, los herreros, dueños del fuego.

 

En el seno de la Tierra, Tubal Caín muestra a Hiram la larga serie de sus padres: Enoc, que enseñó a los hombres a construir edificios, a unirse en sociedad, a tallar la piedra; Hirad, que supo antaño aprisionar las fuentes y conducir las aguas fecundas; Maviel, que enseñó el arte de trabajar el cedro y todas las maderas; Matusael, que imaginó los caracteres de la escritura; Jabel, que levantó la primera tienda y enseñó a los hombres a coser la piel de los camellos; Jubal, el primero en tender las cuerdas del cinnor y del arpa, extrayendo de ellos sones armoniosos … Y por último, el propio Tubal Caín, que enseñó a los hombres las artes de la paz y de la guerra, la ciencia de reducir los metales, de martillear el bronce, de encender las forjas y soplar sobre los hornillos.  Y transmitió a Hiram Abif la tradición luciferina. Al comienzo de los tiempos, dos dioses se reparten el universo. Existe un gran paralelismo con los dioses sumerios Enlil y Enki. Uno de los dos dioses, Adonai, es el amo de la materia y del elemento Tierra; el otro, Iblis, es el amo del Espíritu y del elemento Fuego. Adonai es uno de los nombres en hebreo de Dios. Se usa más de 300 veces en el Tanaj como una designación para el Creador. Sin embargo no es el Nombre Divino en sí mismo sino una designación genérica. Ya que pronunciar Yhwh está prohibido en la lectura de la Biblia Hebrea, en el siglo VI a. C., se añadieron las vocales de Adonai, para recordar al lector que debía pronunciar ese título. Curiosamente Iblis, en el islam, es el nombre de un genio maligno y este nombre significa “privado de toda bondad“. Él se negó a inclinarse ante Adán y se apartó de Alá. El personaje es más conocido, sin embargo, como Shaytán, parecido al nombre Satán o Satanás, palabra aramea que significa “adversario” Con este último nombre aparece citado 87 veces en el Corán, mientras que el nombre de Iblís se cita únicamente nueve veces. Se le llama también al-waswās, esto es, “El murmurador“, porque inocula con sus murmuraciones la tentación en el corazón de la gente. Adonai crea al Primer Hombre del barro y lo anima. Movido a compasión por el bruto que Adonai quiere convertir en su esclavo y su juguete, Iblis y los Elohim, los dioses secundarios, despiertan su espíritu, y le dan la inteligencia y la comprensión. Mientras Lilith, la hermana de Iblis, se convertía en la amante oculta de Adán, el Primer Hombre, y le enseñaba el arte del pensamiento, Iblis seducía a Eva, surgida del Primer Hombre, la fecundaba y, junto con el germen de Caín, deslizaba en su seno una chispa divina. En efecto, según las tradiciones talmúdicas, Caín nació de los amores de Eva e Iblis, mientras que Abel nacerá de la unión de Eva y Adán. Más tarde, Adán no sentirá más que desprecio y odio por Caín, que no es su verdadero hijo. Aclinia, hermana de Caín, que la ama, será entregada como esposa a Abel. Y a pesar de ello, Caín dedica su inteligencia inventiva, que le viene de los Elohim, a mejorar las condiciones de vida de su familia, expulsada del Edén y errante por la tierra. Pero un día, cansado de ver la ingratitud y la injusticia responder a sus esfuerzos, se rebelará y matará a su hermano Abel.

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Para justificarse, Caín responde personalmente a Hiram Abif. Insiste sobre lo doloroso de su suerte. Sólo él trabajaba la tierra, arando, sembrando, recolectando, efectuando todas las labores penosas, bajo el nombre de Samael, “veneno supremo”, mientras que Abel, cómodamente echado bajo los árboles, vigilaba sin esfuerzo los rebaños. Cuando les tocaba ofrecer los sacrificios prescritos a Adonai, amo exterior de la esfera terrestre, Caín elegía una ofrenda incruenta, tal como frutos o haces de trigo. Abel, por el contrario, ofrecía en holocausto a los primogénitos de sus rebaños. Y, presagio funesto, el humo del sacrificio de Abel subía recto y orgulloso en el espacio, mientras que el del fuego de Caín caía hacia el suelo, mostrándose el rechazo de Adonai. Caín explica entonces a Hiram que, en el curso de las edades, los hijos nacidos de él, hijos de los Elohim,  trabajarán sin cesar por mejorar la suerte de los hombres, y que Adonai, lleno de celos, tras intentar aniquilar a la raza humana mediante el Diluvio, verá fracasar su plan gracias a Noé, advertido en sueños por los Hijos del Fuego sobre la inminente catástrofe. Al devolver a Hiram a los límites del mundo tangible, Tubal Caín le revela que Balkis, la Reina de Saba, pertenece también al linaje de Caín y que es la esposa que le está destinada desde toda la eternidad. La reina de Saba es un personaje legendario, presentado en los libros de Reyes y en Crónicas (en la Biblia), en el Corán y en la historia de Etiopía. Fue la gobernante del Reino de Saba, un antiguo país que la arqueología presume que estaba localizado en los actuales territorios de Etiopía y Yemen. En los textos bíblicos, la reina no es nombrada explícitamente por su nombre. En la tradición etíope es llamada Makeda, mientras que en la tradición islámica, aunque no en el Corán, es conocida como Bilqis o Balkis. Otros nombres asociados a ella son Nikaule o Nicaula. Según especulan algunos autores, la reina de Saba tenía origen búlgaro, una teoría poco o nada probable, ya que la reina Makeda pertenecía a una genealogía árabe. Era hija de Yashrea, hijo de Al-Hareth, hijo de Qais, hijo de Saifi, hijo de Saba. De acuerdo con estudios bíblicos, el libro Cantar de los cantares, un canto que el rey Salomón dedica a una mujer, podría estar dirigido a una mujer negra etíope, quien podría ser la reina de Saba. De allí que se vinculen las promesas divinas del dios en el que creían los judíos con ese pueblo. Después, antes de la partida de Balkis, la reina, hacia Saba, Hiram y Balkis se unirán en secreto, a pesar de la celosa vigilancia de Salomón.

 

Hiram, descendiente de las Inteligencias del Fuego, y Balkis, descendiente de las Inteligencias del Aire, no podrán, sin embargo, permanecer unidos. Hiram será asesinado por tres Compañeros, deseosos de conocer indebidamente la contraseña de los Maestros, con objeto de percibir el mismo salario que ellos. El crimen tendrá lugar dentro del templo de Jerusalén en construcción, desierto en ese momento. Y Balkis, al regresar al país de Saba, sin haber sido nunca la esposa de Salomón, se cruzará, sin verlos, con los tres asesinos, que se llevan el cadáver de Hiram para enterrarlo en secreto. Sólo se estremecerá en su seno el niño que va a nacer de sus amores fugitivos con el Hiram Abif. Este niño que será más adelante el primero de los hijos de Balkis. Tal es la leyenda de Hiram, que no hará su aparición en el seno de la francmasonería especulativa hasta alrededor de 1723. la francmasonería especulativa de los siglos anteriores la ignoraba. Hasta ese momento, Hiram no gozaba de mayor importancia en los relatos iniciáticos que Nemrod, Noé, Abraham o Moisés. Eso puede comprenderse fácilmente, ya que en la Biblia Hiram queda reducido a su papel de fundidor, sin que se le presente en ningún momento como el arquitecto del templo de Jerusalén. Si se quiere precisar la verdadera identidad de ese arquitecto, hay que atenerse al relato bíblico, según el cual fue el mismo Dios quien comunicó los planes a David, por mediación del profeta Natán, durante una visión o un sueño. Como se ve, la leyenda de Hiram, procedente de las tradiciones propias de los herreros cainitas de los alrededores del Sinaí, está emparentada con una vía próxima a las tradiciones tántricas indias, es decir, proviene de la mano izquierda, por utilizar el lenguaje del esoterismo. Con ella se asocian otras tradiciones, como la de Prometeo, la rebelión de los Titanes, o el descenso de los ángeles caídos al monte Hermón, narradas en el libro de Enoc. Según se dice, todos ellos enseñaron a los hombres conocimientos tan diversos como nuevos, pero susceptibles de causar su perdición. Para conocer en detalle la leyenda de Hiram, recomendamos leer Viaje a Oriente, de Gérard de Nerval, que la oyó en Estambul, en el barrio de los joyeros y los fundidores, en boca de un narrador de cuentos populares.

 

Hay algunos investigadores que defienden la versión que relaciona la masonería con los poderes que rigen el mundo. Esto es lo que vamos a tratar en los siguientes párrafos. Al igual que con los grados azules de la Masonería moderna, los iniciados druidas eran divididos en tres grupos. Las enseñanzas dadas a cada nivel en las arboledas del bosque de los tiempos antiguos y los templos Masónicos de hoy son virtualmente las mismas. Al igual que el león y el “agarre de la garra del león“, equivalente al apretón de manos secreto, en el grado Maestre de la Masonería se utiliza esta misma corriente de simbolismo de la escuela de misterios. Los iniciados en los ritos de Mithra eran llamados leones y eran marcados en sus frentes con la cruz egipcia. Los iniciados en primer grado tenían una corona de oro puesta sobre sus cabezas, representando su ser espiritual. Y esta corona, simbolizando los rayos del Sol, puede ser encontrada sobre la Estatua de la Libertad en el Puerto de Nueva York. El color negro se ha convertido en el color asociado con la autoridad y con la muerte. Es también el color tradicional de la profesión de la enseñanza con el traje negro y el sombrero negro llamado birrete, que es el símbolo del círculo y cuadrado de la Masonería. La Universidad Romana de Arquitectos estaba relacionada con la Orden de Comacini, que se expandió rápidamente bajo los reinos de Constantino y Teodosio, cuando el Cristianismo se estaba volviendo la religión dominante del Imperio Romano. La Orden de Comacini tenía su base en la isla de Comacini, situada en el lago Como, en la Italia del Norte. El lago Como es un centro muy importante para la Hermandad Babilónica. Dos de sus miembros británicos, el Príncipe Philip y su mentor, Lord Mountbatten, asistieron a una reunión del Grupo Bilderberg de la Hermandad en el lago Como en 1965. La Orden de Comacini fue dividida en logias dirigidas por los Grandes Maestres, que usaban guantes y mandiles blancos y se comunicaban a través de señales y apretones de manos secretos. Y todo esto ya estaba ocurriendo más de mil años antes de la creación oficial de la Masonería. Recibieron el patrocinio del rey de Lombardía y fueron hechos los maestros de todos los mamposteros y arquitectos en Italia. Fue esta orden secreta, los sucesores de los arquitectos de la Hermandad más tempranos, los Arquitectos Dionisianos, los que proveyeron el puente entre aquellos que construyeron los templos paganos antiguos y sus hermanos, que construirían las grandes catedrales Cristianas de Europa. La misma Hermandad construyó ambos tipos de templos. Los templos antiguos eran santuarios para los dioses paganos, y las catedrales Cristianas eran también santuarios para los dioses paganos. La única diferencia era que, con las últimas, el público pensaba que fueron construidas para venerar a Jesucristo.

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San Bernardo de Claraval nació en Fontaines (Francia) en el seno de una ilustre familia y fue fundador de la célebre abadía cisterciense de Claraval (Clairvaux). Además, predicó en Francia la Segunda Cruzada. En el cisma entre Inocencio II y Anacleto II, se declaró a favor del primero y le hizo triunfar. Dejó “Cartas” muy notables y excelentes “Tratados de Teología“. Asimismo, consiguió poder y prestigio para la Orden de los Caballeros del Temple. San Bernardo definió a Dios como “largo, ancho, alto y profundidad” porque comprendía el efecto de geometría y números sobre los campos de energía. Pitágoras también dijo que: “el número es todo“. El poder del patrón, los números, la geometría y la proporción, son algunos de los “grandes misterios” que han sido negados la mayoría de la gente. Venecia fue durante siglos un centro de la Nobleza Negra, que se expandió en el Lejano Oriente a través de los viajes del veneciano Marco Polo. Las familias reales supervivientes en Europa son el linaje de esta Nobleza Negra, incluyendo la Casa de Windsor de Gran Bretaña. Esta es la razón de que estas casas reales, incluyendo los Windsor, estén fundamentalmente relacionadas con la Masonería y otras sociedades secretas de la Élite. La Nobleza Negra estableció relaciones íntimas con las familias de linaje de Gran Bretaña y estaba detrás de la invasión de Inglaterra en 1066 por otra rama de su familia, los Normandos de Guillermo el Conquistador y los escoceses St Clairs, una familia de descendencia vikinga. Guillermo I de Inglaterra (1028 – 1087), más conocido como Guillermo el Conquistador, fue el primer rey de Inglaterra de origen normando, con un reinado que se extendió desde 1066 hasta su muerte en 1087. Descendiente de vikingos, desde 1035 fue duque de Normandía con el nombre de Guillermo II. Tras una larga lucha por afianzar su poder, hacia 1060 su dominio sobre Normandía estaba consolidado y por ello comenzó a planear la conquista de Inglaterra, que inició en 1066. El resto de su vida estuvo marcada por incesantes luchas por el mantenimiento de sus posesiones, tanto en Inglaterra como en el norte de Francia, y por las dificultades con su hijo primogénito. La Nobleza Negra se unió a las familias aristocráticas británicas, se otorgaron títulos, o los inventaron. Dos familias fueron especialmente importantes en la conquista de Gran Bretaña por la Nobleza Negra, los Savoya y los Estes. Los Savoya gobernaron Italia de 1146 a 1945 y los Estes gobernaron la región llamada Ferrara desde el 1100 hasta el 1860, cuando Italia se convirtió en un país. Hay ejemplos incontables de cómo la Nobleza Negra se infiltró y tomó el poder en Gran Bretaña. La Nobleza Negra ha estado controlando la Iglesia de Inglaterra durante siglos. De hecho desde el comienzo. Actualmente uno de sus representantes más activos, la Reina Elizabeth II, todavía es la cabeza oficial de la iglesia de Inglaterra. Los linajes de la Nobleza Negra se apoderaron de las riendas del poder en Europa para llevar a cabo su programa.

 

La constitución de los Caballeros Templarios se produjo aproximadamente al mismo tiempo, en 1118. Inicialmente fueron conocidos como los Soldados de Cristo. Los Templarios están rodeados de misterio y contradicción, pero se sabe que dedicaron la orden a la Madre de Dios. Los Caballeros Templarios se promovieron como cristianos y por lo tanto la Madre de Dios se consideró que era María, la madre de Jesús. Pero para las sociedades secretas la Madre de Dios es una imagen simbólica de Isis, la virgen madre del Hijo de Dios egipcio, Horus, y la esposa del dios del Sol, Osiris, según la mitología egipcia. Isis, a su vez, es otro nombre para la Reina Semíramis. Isis / Semíramis también es conocida por otros nombres, como Barati, Diana, Rea, Minerva, Afrodita, Venus, Hécate, Juno, Ceres, Luna y muchos otros. Se dice que son simbólicos de la Luna, la energía femenina en sus varias formas. Las oficinas centrales de la Gran Logia Madre de la Masonería inglesa están ubicadas en la Calle Gran Reina en Londres, en representación de la Gran Reina Semíramis / Isis. Al final todos los nombres fueron inspirados por la diosa sumeria Ninkharsag, la “Diosa Madre” anunnaki. Los dioses antiguos como Nimrod / Osiris y los otros interminables nombres bajo los que es conocido, representan el poder del Sol, lo masculino. Éste era el conocimiento sobre el que los Templarios fueron fundados y su inspiración puede ser vista en su símbolo, la cruz roja sobre un fondo blanco, la cruz de fuego o símbolo del Sol de los fenicios y símbolo de los linajes. También es la bandera de Inglaterra. La Corona y las familias de la Hermandad en Gran Bretaña también controlan las sociedades secretas ubicadas en Temple Bar, en Londres, las anteriores tierras templarias y el centro de la abogacía británica. La Gran Logia de la Masonería inglesa ha controlado la mayoría de la Masonería a través del mundo desde que fue constituida en 1717. La Élite de Londres decide. Pero también hay una conexión francesa. Londres y París son los centros de operaciones principales para la Hermandad. Muchas veces las facciones francesa e inglesa han luchado por la supremacía, pero todavía son dos lados de la misma moneda. La Revolución Francesa de 1789, el año en que George Washington se convirtió en el primer presidente de los Estados Unidos, fue completamente tramada por los francmasones y los Illuminati bávaros.

 

En el pasado se advierte la existencia de una iniciación, vinculada a los oficios, o métiers en francés. La palabra viene del término latino ministerium, que significa “oficio” o “ministerio”. Mucho antes de que diese nacimiento a la masonería especulativa, su gran hermana contemporánea, la masonería operativa, había creado, ya en la Edad Media, un lenguaje simbólico. Pero en nuestros días, cada vez se pone más en duda la importancia de la parte de herencia operativa conservada por la masonería especulativa. La francmasonería, en su conjunto, siguió el mismo descenso evolutivo que la Iglesia. El materialismo invadió los templos. La mentalidad moderna es el producto de una sugestión colectiva, ejercida de modo continuado durante cerca de cuatrocientos años en todos los campos, tanto religioso, como político, familiar e individual, y tendente a cortar los lazos entre el hombre y sus raíces espirituales. Las grandes religiones exotéricas, como el judaísmo, el cristianismo, y el Islam, tienen su parte de responsabilidad en esta decadencia. Y a las corrientes revolucionarias les resultó fácil sacar partido del materialismo de las clases dirigentes. Las Constituciones de Anderson son el inicio de la moderna masonería especulativa. Redactadas por el pastor James Anderson y Jean Théophile Désaguliers, fueron aprobadas y publicadas en 1723. Las Constituciones de Anderson es la acepción más común a las constituciones en las que se refleja por primera vez la condición de los masones especulativos tras la tradición de los masones operativos de siglos anteriores. El nombre con el que se publicó es “Constitución de los Francmasones“. El documento original será modificado posteriormente en 1738 y 1813. José Schlosser, en su libro Orígenes de la Masonería, nos dice: “En el Londres de 1717, cuatro logias de entre las muchas existentes estaban ya integradas por muy pocos constructores y muchos hermanos aceptados“. Por aceptado se entendía admitido o adepto, dentro de las logias de masones operativos, sin ser del oficio. En estos “talleres” encontraban refugio lícito para comer bien, brindar mejor e intercambiar sus ideas liberales. El filósofo y médico inglés John Locke (1632-1704), con su “Ensayo sobre el entendimiento humano“, publicado unos cincuenta años antes de la fundación de la Gran Logia de Londres, abre las puertas a una nueva forma de considerar al hombre, ya no como un elemento del régimen patriarcal de la Edad Media.

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Son los albores de La Ilustración y comienza a imponerse una concepción antropocentrista. El hombre vale como individuo y no como integrante de una familia o un gremio. El célebre filósofo, político, abogado y escritor inglés Francis Bacon (1561-1626) proclamó la preeminencia de la investigación científica. René Descartes (1596-1650), filósofo, matemático y físico francés, lanza su revolucionario “pienso, luego existo“. Se formó una Gran Logia, cuyo primer Gran Maestre fue Anthony Sayer que logró integrar otras dos Logias. Le sucedió George Payne, que era un activo y emprendedor anticuario, que dio a los trabajos un ritmo extraordinario, amplió el número de miembros, y se dedicó a reunir y compilar documentos y manuscritos referidos a la historia, usos y reglamentos de la antigua masonería operativa. Cabe pensar que en la elección de James Anderson no influyeron solamente sus virtudes intelectuales y su título de Doctor en Filosofía, sino también su calidad de predicador presbiteriano, que le permitía un diálogo adecuado con los masones católicos irlandeses, los anglicanos ingleses y los presbiterianos escoceses, temerosos de las reformas que se proponían. Corría el año 1721, y el duque de Montagú encarga las “Constituciones” al pastor Anderson, para que modificase lo recopilado por Payne en los dos años anteriores, en los que además fue Gran Maestre. Al parecer Anderson era hijo de un miembro de la logia de Aberdeen. La base del trabajo de Anderson lo constituyen los manuscritos Regius (1399) y Cooke (1410), además de los documentos recopilados por Payne y pertenecientes a los masones de las logias de Londres. Payne entregó a Anderson las Constituciones Góticas, el conjunto de más de un centenar de pergaminos y libros de diversos países de Europa, como Italia, Francia, Alemania, Escocia, e Inglaterra. Payne redactó inicialmente las treinta y nueve Ordenanzas Generales. Él fue quien le entregó a James Anderson sus notas para la revisión de sus trabajos, con el fin de que aquellas Antiguas Ordenanzas se adecuaran a la nueva organización. Anderson terminó el trabajo en el mismo año 1721 y presentó su informe en la reunión del equinoccio de otoño (23 de septiembre de 1721), que inmediatamente fue sometido a estudio por una Comisión formada por 14 miembros de la Gran Logia. Esta Comisión expidió sus conclusiones en la Asamblea del equinoccio de primavera (25 de marzo de 1722), aconsejando su aprobación con algunas pequeñas modificaciones. El informe de la Comisión fue aprobado por unanimidad de las 24 Logias presentes en esa Asamblea. Las Constituciones definitivas se presentan en el año 1723, siendo firmadas por el Gran Maestre, el duque de Wharton, y el Gran Maestre Diputado, el propio Anderson.

 

De una forma simbólica se hace constar en las Constituciones que a partir de entonces ya no será la catedral un templo de piedra a construir, sino que el edificio que habrá de levantarse será la catedral del Universo, es decir, la misma Humanidad. El trabajo sobre la piedra bruta, destinada a convertirse en cúbica, es decir, apta a las exigencias constructivas, será el hombre, quien habrá de irse puliendo en contacto con sus semejantes a través de una enseñanza en gran parte simbólica. Cada útil o herramienta de los picapedreros recibirá un sentido simbólico. La escuadra, para regular las acciones; el compás, para mantenerse en los límites con todos los hombres, especialmente con los hermanos masones. El delantal, símbolo del trabajo, que con su blancura indica el candor de las costumbres y la igualdad; los guantes blancos que recuerdan al francmasón que no debe jamás mancharse las manos con la iniquidad, etc. La Masonería se convertía, pues, en el lugar de encuentro de hombres de cierta cultura, con inquietudes intelectuales, interesados por el humanismo como fraternidad, por encima de las separaciones y de las oposiciones sectarias, que tantos sufrimientos habían acarreado a Europa, la Reforma, por una parte, y la Contrarreforma, por otra. Les animaba un espíritu universalista y el deseo de encontrarse en una atmósfera de tolerancia y fraternidad. El artículo fundamental de las Constituciones de 1723 lo subraya claramente al afirmar que “Aun cuando en los tiempos antiguos los masones estaban obligados a practicar la religión que se observaba en los países donde habitaban, hoy se ha creído más oportuno no imponerle otra religión que aquella en que todos los hombres están de acuerdo, y dejarles completa libertad respecto a sus opiniones personales. Esta religión consiste en ser hombres buenos y leales, es decir, hombres de honor y de probidad, cualquiera que sea la diferencia de sus nombres o de sus convicciones“. Otro artículo precisa que cuando los trabajos están cerrados y los hermanos se hallan reunidos fuera de la logia, pueden dedicarse a placeres inocentes, evitando los excesos de todo género, y sobre todo absteniéndose de decir y de hacer cosa alguna que pudiere herir o romper la buena armonía que entre todos debe reinar siempre. Por esta razón, no deben llevarse a estas reuniones odios privados, ni motivo alguno de discordia y, sobre todo, deben evitarse en absoluto las discusiones sobre religión y política, o sobre nacionalidad, puesto que los masones no profesan otra religión que la universal, que pertenece a todos los pueblos y a todas las lenguas.

 

En el Libro de las Constituciones de 1723, podemos leer: “Un masón está obligado, por su misma condición, a obedecer a la ley moral. Y si entiende exactamente el Arte, no será nunca un ateo estúpido, ni un libertino irreligioso“. Estas Constituciones implicaron el nacimiento de la francmasonería que conocemos, y a la que pertenecen más de cinco millones y medio de hombres en el mundo entero. Pero sus orígenes siguen siendo misteriosos y en parte legendarios. Se puede admitir que los tres primeros grados de la masonería simbólica, que agrupa los tres primeros grados, Aprendiz, Compañero y Maestro, nacieron, en efecto, por cooptación honorífica de miembros no operativos, pero aceptados, de las corporaciones tradicionales de canteros y carpinteros. Sin embargo, es más lógico admitir que los altos grados, al menos un buen número de ellos, derivan de las órdenes de caballería entonces existentes y de otras ya desaparecidas, como los templarios, los teutónicos, los del Santo Sepulcro, etc. En la práctica la masonería se nos presenta hoy en día como una sociedad de pensamiento, relativamente secreta, extendida por el mundo entero. Basada en la libertad de pensamiento y la tolerancia, se fija como objetivo la búsqueda de la verdad en todos los campos, así como en el perfeccionamiento material y moral de la humanidad. Sus adherentes se agrupan en logias, capítulos o areópagos, según los grados de la jerarquía, reunidos y constituyendo obediencias, tales como Grandes Logias, Supremos Consejos, Soberanos Santuarios. Sus diversas formaciones difieren por los ritos practicados, expresados en rituales. Las diferencias entre los ritos están subrayadas por las diferencias entre sus diversas insignias, llamadas «decoraciones», es decir, los mandiles de piel de cordero, seda o satén, y las bandas o collares, con sus joyas, símbolos metálicos, plateados o dorados, que expresan un rango o una función. Las bandas y collares provienen de los que utilizaban ciertas órdenes honoríficas civiles históricas o ciertas órdenes militares. Diversas tradiciones hacen remontar la francmasonería a la construcción de las pirámides, a la construcción del templo de Salomón, en Jerusalén, o a los antiguos misterios de Egipto y Grecia. Se la puede razonablemente vincular a las corporaciones de constructores, desde los collegia grecorromanos a los constructores de las catedrales medievales. No cabe duda de que los nueve útiles simbólicos de la francmasonería actual, la importancia dada a la geometría, el uso del mandil, la exhibición del compás y la escuadra en las diversas ceremonias, así como todo el lenguaje convencional utilizado en los rituales se relaciona con el arte de construir de las corporaciones medievales y con sus símbolos. Como todas las asociaciones profesionales, esas corporaciones poseían secretos del oficio que transmitían a sus miembros, secretos sobre operaciones manuales, habilidades y distintas sutilezas.

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A esto se añadía para los maestros de obras todo el arte de la Geometría y el conocimiento de la resistencia de los materiales. En los lugares en que iniciaban una obra para trabajar en ella, los albañiles (o los maçons) encontraban alumnos, los aprendices, formados en la logia del lugar, que no se limitaba a ser un taller, sino que servía también como emplazamiento para el descanso, la enseñanza, y el intercambio de ideas. Cuando llego el tiempo en que las corporaciones de albañiles perdieron su principal razón de ser a causa de las transformaciones económicas y sociales, admitieron para subsistir, a miembros honorarios, llamados en inglés Accepted Masons, o sea, masones aceptados, por oposición a los albañiles o masones profesionales, llamados Operative Masons, es decir, masones operativos.            Fue en Gran Bretaña, en el siglo XVII, donde las corporaciones de albañiles, que tenían una importancia particular desde la Edad Media, empezaron a recibir miembros no pertenecientes a la profesión. Ya en 1600 aparece inscrito en la logia de Edimburgo (Escocia) un escocés perteneciente a la nobleza, John Boswell, lord Auchinleck. El 16 de octubre de 1646, Elie Ashmole, el miembro más activo del Círculo Católico de Londres, fue recibido como masón aceptado en la logia de Warrington, al mismo tiempo que su cuñado, el coronel Henri Mainwarieg de Kerthingham. Ambos fueron apadrinados por Richard Penket, guardián del grado de los Fellow-Craft. Ashmole encontró allí al escritor británico Thomas Warton, al poeta británico George Warton, al matemático William Oughteed, a los doctores en teología John Herwitt y John Prarson y al astrólogo del rey Carlos I, William Lilly. Poco a poco, a través de una lenta evolución, las logias operativas se transformaron en sociedad de pensamiento, y las ceremonias iniciáticas transfirieron su simbolismo del plano material al plano intelectual. No obstante, durante todo el siglo XVII, los ritos continuaron invariables, “sencillos pero eficaces, teniendo en cuenta la importancia absoluta que un hombre honorable daba a su palabra y a su juramento”. Fue en el siglo XVIII cuando se produjo el cambio, debido al escepticismo y al materialismo que invadía los salones, sobre todo en Francia. Esta perversión alcanzó a los medios masónicos, con mayor o menos intensidad, de acuerdo con la naturaleza de las logias. Para ponerle remedio, se alargaron las ceremonias y ritos, las pruebas y los juramentos. Asimismo, se completaron los tres grados de la masonería primitiva con los primeros grados para castigar al posible traidor. Personas como Helvecio, Voltaire, Marmontel, Montesquieu, D’Holbach, todos ellos masones, todos ellos celebridades del Siglo de las Luces y redactores de la Enciclopedia, tienen su parte de responsabilidad en la degradación espiritual de la francmasonería del siglo XVII.

 

«Todo el mundo pertenece a ella …», escribirá María Antonieta a su madre, la emperatriz de Austria. En verdad que en aquel tiempo toda la élite pertenece a la masonería. Y el cuadro de los Grandes Oficiales del Grande Oriente de Francia correspondiente al año 1773 resulta impresionante. Desde el Gran Maestre Luis José Felipe de Orleáns, duque de Chartres y príncipe de sangre real, hasta el modesto Gran Limosnero de la Orden, el Muy Respetable Hermano marqués de Briqueville, mariscal de los Campamentos y Ejércitos del Rey. También se incluyen dieciocho nombres pertenecientes a las familias más encumbradas de la aristocracia de Versalles, a los que siguen cuarenta y seis nombres de muy buena nobleza para las diversas cámaras de la Orden. Ello significa que los ritos tendrán que acomodarse a una vida mundana y donde la beneficencia y las obras de caridad ocupan el mayor lugar, sin más. Lo mismo ocurre actualmente en ciertas obediencias, en las que un vago humanismo, incluso a veces sin contacto con la realidad, no hace más que encubrir un plan político extraño a la verdadera masonería, cuando no se opone abiertamente a ella. Generalmente se considera el inicio de la francmasonería moderna el 24 de junio de 1717, fecha de la fundación de la Gran Logia de Londres, para lo cual se reunieron cuatro logias londinenses en la posada de El Manzano, en Covent Garden. Por mayoría de votos se eligió como Gran Maestre a Anthony Sayer. Se desconoce si era o no gentilhombre ( gentleman). Ahora bien, a partir de 1721 la masonería escogerá a sus Grandes Maestres entre la alta aristocracia, empezando con el duque de Montagu. La obligación de creer en Dios, Gran Arquitecto del Universo,  se extendió a todas las confesiones y, a partir de 1723, la masonería inglesa admitió en su seno a los judíos. Entre ellos destacaría el célebre Falk-Scheck, resh galutha (“cabeza del exilio”) de toda la Diáspora. Como reacción, la logia de York se alarmó ante esta creación y se constituyó en seguida en Gran Logia de toda Inglaterra. Pero la Gran Logia de Londres extendió poco a poco su influencia sobre toda la Gran Bretaña. En 1717 su jurisdicción abarcaba cuatro logias, sesenta y tres en 1725, ciento veintiséis en 1733. En 1725 se fundó la Gran Logia de Irlanda y en 1736 la Gran Logia de Escocia. Durante la década de 1730 la masonería pasó a las Indias británicas, a las Antillas y a las colonias inglesas de América del Norte. Pero no toda la masonería había seguido este camino. Seguían existiendo muchas logias independientes, al estilo antiguo, formadas sin ninguna autorización de cualquier Gran Logia. Había también las logias militares, fundadas en el seno de los regimientos militares. Mientras que las logias civiles se denominaban «al oriente de …» (la ciudad en que funcionaban), las logias militares se nombraban «al oriente de tal regimiento». Comprendían a los oficiales y a los suboficiales de esos regimientos.

Fueron esas logias militares las que introdujeron la masonería en Francia, con la llegada del rey Jacobo (James) II de Inglaterra, exiliado en Saint-Germain-en-Laye, y los regimientos fieles que le siguieron, compuestos de escoceses e irlandeses, tanto católicos como protestantes o anglicanos, todos unidos por su juramento de fidelidad al soberano. En aquellos tiempos, este juramento de fidelidad tenía importancia. Jacobo (James) II de Inglaterra y VII de Escocia (1633 – 1701) fue rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda desde el 6 de febrero de 1685 hasta su deposición en 1688. Fue el último monarca católico en reinar sobre lo que sería el Reino Unido. Algunos de sus súbditos sintieron gran desconfianza por sus políticas religiosas y alegaron que había caído en el despotismo. Se constituyó un grupo que lo acabaría deponiendo en la Revolución Gloriosa. Durante su exilio en Francia a Jacobo le fue permitido vivir en el castillo real de Saint-Germain-en-Laye. No fue sustituido por su hijo católico, Jacobo Francisco Eduardo, sino por su hija mayor y yerno protestantes, María II y Guillermo III, que fueron proclamados reyes. Jacobo II, además, fue el último soberano de Escocia en utilizar el título de Rey de los Escoceses, que había sido utilizado desde la unificación del reino en el año 843 por Kenneth I MacAlpin. Sus herederos pretendientes al trono tomaron el nombre de Jacobitas y durante muchos años lucharon por la restauración dinástica, sin lograrlo. Más tarde, la masonería francesa se particulariza. Se hablará de logias estuardistas o jacobitas, nacidas de las logias militares de Saint-Germain-en-Laye. La primera se funda en París, en 1725. La Gran Logia de Francia se constituirá en 1732. La actual Gran Logia de Francia, fundada en 1897, no tiene ninguna filiación con la de 1732. El 7 de noviembre de 1894 el Supremo Consejo del Rito Escocés concedió la autonomía a sus logias «azules», o simbólicas, que trabajaban en los tres primeros grados, y autorizó su fusión con la Gran Logia Simbólica Escocesa, cuyas treinta y seis logias se habían separado con anterioridad. Con las sesenta logias «azules» que permanecieron fieles al Rito Escocés, el efectivo de la recién nacida Gran Logia de Francia se elevaba a noventa y seis talleres «azules». Volviendo al siglo XVIII y a Francia, en 1773 se crea la Orden Real de la Francmasonería, que toma el nombre de Grande Oriente de Francia. Representa entonces a cerca de cuatrocientas logias. Su Gran Maestre era el duque de Chartres, Felipe de Orleáns, el futuro Felipe Igualdad. Los nombres más ilustres de la aristocracia francesa ocupan las funciones de «Grandes Oficiales». Y la Orden vivirá hasta nuestros días su vida histórica, sin misterio, aunque no sin ciertas persecuciones, bajo la Revolución y bajo el Gobierno de Vichy, ocupado por la Alemania nazi.

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En aquel tiempo las tabernas inglesas eran lujosos restaurantes y cervecerías, con habitaciones, salas de reuniones, salón de lectura y peluquería. Después de la tenida ritual, los masones celebraban en ellas su banquete, también ritual. Ofrecían alojamiento «a pie y a caballo», según la expresión de la época. En el curso de los siglos aparecerán nuevas obediencias, fruto del deseo de los hombres de reunirse de acuerdo con sus afinidades, sus teologías y sus preferencias en materia de ritualismo. Se producirán a veces fricciones entre esas obediencias, pero nunca entre los masones que las constituyen. Y que una obediencia reconozca y reciba a otra o bien la niegue y la rechace no cambia en nada la fraternidad que une a los miembros de ambas. La existencia de las «fraternales profesiones» así lo demuestra. Cuando se le veía aparecer a veces en los campos de batalla, ese sentimiento sobrepasaba las fronteras de los Estados. La masonería consiguió lo que la Iglesia no ha conseguido nunca entre sus fieles de nacionalidades diversas, hacer que se amasen, a pesar de intereses en ocasiones divergentes, a pesar de creencias diferentes, o de opiniones políticas opuestas. No siempre resulta fácil. Pero cuando el masón se da cuenta de que se desvía, recuerda su juramento de Aprendiz: «Consideraré a todos los francmasones como mis Hermanos». Y obedece. Desgraciadamente, ese sentimiento, tan meritorio en sí, conduce a ciertos miembros de la masonería a confundir fraternidad con complicidad. En ciertas obediencias, los Reglamentos generales y las Constituciones prevén que todo masón acusado sea juzgado por un tribunal mantiene el derecho de apelación. Las sentencias consisten en suspensiones de actividad durante cierto tiempo o en una exclusión. Hacemos referencia a los acontecimientos que se desarrollaron en Francia del 3 de enero al 6 de febrero de 1934, a causa de los cuales estuvo a punto de caer la República. Se trata del escándalo Stavisky, descubierto por el ministerio francés de Hacienda. En lugar de permitir que la justicia siguiera su curso, los masones comprometidos fueron protegidos por otros masones bien situados. El suicidio del estafador Stavisky en el momento de su detención, y el asesinato del juez Albert Prince, encargado de la instrucción del caso, asesinato cometido por el policía Bony, que más tarde se pasó a la Gestapo nazi, dieron lugar a que el 6 de febrero de 1934 doscientas mil personas e manifestasen en la plaza de la Concorde, dispuestas a pasar el puente de la Concorde e invadir el Palais-Bourbon. La guardia móvil abrió fuego y hubo numerosos muertos y heridos. Esta situación provenía de una fraternidad, que lo había convertido en complicidad.  Hubiera bastado que algunos se acordasen de lo que precisaban las Constituciones de Anderson en el siglo XVIII: «Un masón está obligado, por su propia condición, a obedecer a la ley moral. (…) Es decir, a ser gente de bien, leal, hombres de honor y de probidad».

Los adversarios de la francmasonería aprovecharon también la derrota francesa ante la Alemania nazi, en junio de 1940, para satisfacer su venganza apoyándose en sus protectores alemanes. Los milicianos del Gobierno de Vichy se abatieron sobre los templos masónicos, llegando a veces incluso a destrozar los suelos y los techos, como en el templo más que centenario de la calle La Condamine de París, esperando así encontrar los esqueletos de las «víctimas» de los ritos masónicos, pues habían tomado las calaveras que figuran en las «salas de reflexiones» por las de dichas «víctimas». Maurice Magre (1877 – 1941) fue un escritor, poeta y dramaturgo francés. Era un ardiente partidario del occitano e hizo mucho para dar a conocer el martirio de los cátaros en el siglo XIII. Por sus novelas históricas sobre los cátaros. Compuso sus primeros poemas a la edad de catorce años. Sus primeras colecciones de versos se publicó en 1895. A partir de 1898 publicó, en París, cuatro libros de poemas. Durante la primera parte de su vida llevó una vida bohemia y de libertinaje, e incluso se convirtió en un adicto al opio. Experimentó todos los placeres y buscó el éxtasis. Pero, a pesar de su mala reputación, se convirtió en un autor famoso y popular. Con motivo de la publicación de uno de sus libros en 1924, Le Figaro escribió, “Magre es un anarquista, un individualista, un sádico, un adicto al opio. Cuenta con todos los defectos. Pero es un muy buen escritor. Hay que leer su obra“. En la segunda parte de su vida, se interesó en el esoterismo y por una búsqueda espiritual, pero no por ello deja de publicar numerosas obras, como lo demuestra la lista de sus obras. En 1919 descubrió la Doctrina Secreta, la principal obra de Madame Blavatsky , cofundadora de la Sociedad Teosófica. En 1935 , a pesar de que estaba enfermo, viajó a la India para conocer Sri Aurobindo en su ashram en Pondicherry, en la búsqueda de la sabiduría. A 26 de de julio de 1937 fundó, con Francis Rolt-Wheeler, la “Sociedad de Amigos de Montsegur y el Santo Grial“. En su poema Lucifer, escribió: “Apofis, la serpiente que personifica las Tinieblas en el Libro de los Muertos de los egipcios, la serpiente que el Génesis llama Nahash, el principio mismo del Mal eterno“. Un eminente historiador, Robert Eisler, nos lo cuenta en su libro Die Kenitischen Weihinschriften, dedicado a los forjadores y los mineros del Sinaí, que dichos forjadores y mineros trabajaban en las minas de turquesas y de cobre de este macizo desde la III Dinastía, o sea, desde poco más o menos el año 2800 antes de Cristo. En esa época Egipto era una monarquía teocrática que practicaba un tipo de socialismo de Estado. La propiedad privada desaparece poco a poco, y el funcionariado de los escribas gobierna en nombre de un rey-sacerdote, a la vez dios y hombre, sin olvidar la influencia de los sacerdotes.

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Los mineros del Sinaí trabajaban para los faraones, bajo la dirección de funcionarios egipcios. Pero esos mineros eran realmente esclavos, en su mayoría antiguos prisioneros de guerra o pertenecientes a una población deportada después de haber sido vencida. Pero no sólo ellos ocupaban la región. Gracias al desciframiento de las inscripciones que figuran en el templo de Hator-Astarté, la diosa de la piedra verde, templo situado en Serabit, en el corazón del distrito minero, Robert Eisler ha podido demostrar que en aquella época el nombre de «kainitas» se aplicaba en estas regiones a una casta nómada de forjadores. Los tuballimadura de cobre o de metal»), llamados también tubal-kainitas, cuyo nombre aparece incluso en el centro de Arabia, constituían una rama especializada dentro de la casta de los forjadores. Se trataba de los fundidores de cobre o de bronce. El primitivo templo de Serabit estaba excavado en la montaña. Bajo la XII Dinastía, hacia el año 1900 antes de Cristo, se erigió otro templo, un templo completo, con columnatas. Hay que decir que había dos poblaciones bien delimitadas: los mineros, sin la menor duda esclavos, y los forjadores, libres y formando una casta muy cerrada. En su Atlas bíblico, el padre Luc H. Grollengerg recuerda que los cinco primeros libros de la Biblia no pudieron ser escritos por el propio Moisés, puesto que, ya en el Renacimiento, se descubrieron en ellos diferencias de estilo, repeticiones y contradicciones: «En realidad, estos libros se escribieron muchos siglos después de él. Por regla general, se admite que el texto, tal como aparece en nuestras Biblias, no se fijó hasta el siglo V». Recordemos que, según el Éxodo, el faraón ordeno que matasen a todos los recién nacidos de sexo masculino, y que solo Moisés pudo ser «salvado de las aguas» gracias a un subterfugio de su madre. Sin embargo, se habla de «sus hermanos de Egipto», de «su hermano Aaron», y de que el número de israelitas que salieron de Egipto se elevaba a seiscientos mil hombres. Encontraremos la clave de la leyenda de Hiram en la huída de Moisés al desierto del Sinaí, después de haber matado a un egipcio que maltrataba a un israelita. Flavio Josefo, historiador judío fariseo, descendiente de familia de sacerdotes, en Historia antigua de los judíos, nos recuerda que en aquella época la gran llanura situada en el centro del macizo del Sinaí era fértil y que los rebaños pastaban en ella holgadamente. Pero añade también que «… los otros pastores no iban a ella, a causa de la santidad del lugar, donde se decía que moraba Dios».  Probablemente la región estaba desierta debido a que a veces ocurrían en ella fenómenos incomprensibles. Es similar al caso de la célebre Garett-el-Djenun, la montaña de los genios, situada en el Tenezruf, o el «país del miedo», en el Sahara.

Moisés se casará en el Sinaí con Séfora, una de las siete hijas de un sacerdote de la religión de Madián, pueblo ubicado en el noreste de la península de Sinaí y jefe de una pequeña tribu de forjadores y fundidores del Sinaí. Tiene varios nombres, como Ragüel o Reuel, el Amigo de Dios, Jetro o Jether, el Superior o el Rico, Hobab, el Amado, el Oculto, o Keni, el Fundidor u Orfebre. Se observara también que Hobab se emparenta con haba, que significa en hebreo «oculto, ocultarse». De ahí puede deducirse que el hombre se hallaba en posesión de secretos, probablemente relacionados con la magia, por su papel de sacerdote de la religión de Madián y por su papel de forjador. Dado que keni significa «fundidor u orfebre», keinitas significaría «una familia que desciende de un fundidor o de un orfebre». He aquí una cita que lo demuestra: «Heber, el keniano, se había separado de los otros kenianos, de los hijos de Hobab, suegro de Moisés, y había levantado su tienda junto al roble de Tsaannaim, cerca de Kedesh». Kedesh no es otra que Kades-Barnea, en territorio madianita. El término keniano seguirá designando una parte de Madián: «Pero el keniano será expulsado cuando el asirio te lleve cautivo…». Los forjadores y fundidores  del Sinaí que encuentra Moisés, y con los cuales vivirá bastante tiempo tras casarse con la hija de su jefe, de la que tendrá hijos, constituyen una secta, una casta, que vive aparte entre los madianitas, a causa de la desconfianza de sus contemporáneos. Que hayan tomado el nombre de kainitas demuestra que conocen la leyenda de Caín. Esta gente trabaja el cobre y el bronce. Y he aquí las diversas analogías del nombre de este metal que se encuentran en el vocabulario hebreo, en función de las diferentes puntuaciones de las mismas consonantes: nâhash: bronce, cobre; nahash: serpiente; nahaash: observar las serpientes y prever el porvenir; nêhasheth: lo que está debajo; nahashon: conjurador; nehustha: nombre de la serpiente de bronce que Moisés erigió en el desierto para curar a los israelitas de los ataques de las serpientes; trasladada luego al templo de Salomón, y que será hecha pedazos por Ezequías. Se observará también, en Éxodo, que la vara del poder se transforma milagrosamente en serpiente y vuelve milagrosamente a ser varita mágica. En realidad, los hechiceros de la zona repiten el prodigio paralizando una serpiente de determinado género mediante presión en un punto concreto cerca de la cabeza y actuando a la inversa para liberarla. Sin embargo, no se puede eliminar el enigma de ese parentesco entre el cobre, el bronce, la serpiente, los sortilegios, los fundidores y forjadores y su nombre de kainitas, que los vincula a un antepasado más o menos mítico, Caín, verdadero tronco del clan.

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Fuente: https://oldcivilizations.wordpress.com/2016/02/18/algunas-pinceladas-historicas-sobre-la-masoneria/

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